Un espacio para mi pequeño

espacio mi pequeño

Nos costó un poco de trabajo pero creo que quedó bien. A mi pequeño (adolescente) le tocó darle los toques finales de pintura y supervisarlo, a mi me tocó medir, cortar, sellar y cablear su ahora nuevo lugar.

Creo que dejamos aserrín, tornillos y pedazos de todo por todas partes, pero quedó perfecto. Nada que no se pueda hacer sin un excelente supervisor de como quedará su cuarto 😀

Y nos divertimos, ¿verdad?

Panqué de zanahoria

Sé que algún día leerás esto pequeña y quiero decirte que hoy me siento especial, Tú y yo hemos llenado el comedor de harina y de trastes sucios pero lo hemos logrado.

Este panqué ha sido el mejor y mas delicioso que haya probado en mi vida, sobre todo cuando ha sido hecho por tus manos.

Sé hoy que llevaré por el resto de mis días tus risitas y me acordaré siempre con alegría de aquel huevo que salió volando hecho todo un desastre.

Nunca cambies un plato roto por una sonrisa pequeña.

Gracias por hacer este día tan especial.

RECETA: Panque de zanahoria

Ingredientes
5 zanahorias peladas y ralladas finamente (400g)
1 1/4 tazas de harina (155g)
1 taza de azúcar (250g)
2/3 taza de aceite (160ml)
2 huevos (110g)
1/4 taza de nuez picada (30g)
1 cucharada de canela en polvo (10g)
1 cucharadita de polvo para hornear (5g)
1 cucharadita de bicarbonato (5g)
1 cucharadita de vainilla (5g)
¡ganas!

Preparación
Cierna todos los ingredientes secos; el polvo para hornear, el bicarbonato de sodio, la harina , el azúcar y la canela. Añada a lo anterior las zanahorias, el huevo, el aceite, la vainilla y las nueces mezclando perfectamente bien. En un molde para microondas previamente engrasado vacíe la mezcla, tape con papel encerado y hornee a temperatura alta durante 10 ó 12 minutos aproximadamente. Se deja reposar y se desmolda cuando esté tibio.

Papá, ¿los aluxes existen?

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Image: Spirits – Goro79Goro Fujita

—Papá, tengo que hacer mi tarea ¿qué son los aluxes?
—son unos duendes chiquitos pequeña
—¿y existen? Cuéntame, cuéntame, dale…

aaaah, me niego a decirle a Ileanita que no existen, y me niego a matar su imaginación, sino entonces ¿cómo podrá hacer suyas esas historias de niño? ¿Cómo sobrevivirán nuestras leyendas y nuestras costumbres? ¿Cómo podrá saber que en la vida existe la magia si le enseño que todo en la vida son trucos? Si será una gran escritora ¿Cómo podrá imaginarse dragones si le corto las alas?

¿Cómo pintará sus sueños?

No tengo el alma para hablar de materialismo dialectico con mi pequeña, así que por lo pronto nos hemos pasado una rica velada, mi pequeña y yo, contando leyendas en un pequeño lugar donde los duendes existen.

Noches de frío

noviembre

¿Recuerdas Adrián esas frías noches llenas de estrellas, de leves susurros con sabor a sandía?

¿Recuerdas el suave arrullo de las mecedoras, de olor a limones, de velas que caminan por la noche camino hacía arriba, noches llenas de cantos y de  voladores?

¿Recuerdas el dulce sabor del arroz con leche, de un simple vaso con agua o de un méndigo coco por sobre la albarrada?

¿Recuerdas esas noches llenas de risas y luces, de caldos de pavo al amanecer?

¿Recuerda Adrián esas noches llenas de frío?

aaaah…parece que en mis recuerdos había mucho frío que hacía tiempo no había sacado a pasear.

Aquí

La nuit- Clo

La nuit- Clo

Ha sido el año más difícil de mi vida y sobreviví. Tengo alguno que otro sueño roto pero nada que no se pueda arreglar. He aprendido bastante y ciertamente he cambiado. Mis prioridades ya no son las mismas, hoy son diferentes y mucho mas claras.

Parece que mi cuerpo me empieza a cobrar factura, los dedos me duelen, el estomago y también el alma.

Por las noches duermo a ratos, dejo de percibir el mundo, escucho pequeños latidos y veo pequeñitos sueños. Saldrán adelante, lo sé —aún cuando mi miedo a fallar sea inmenso.

Tengo a mi mundo de vuelta, parece que todo brilla más, todo es más intenso.

Los sabores a pueblo, las noches de estrellas y el pan de naranja se quedan en mí.

Sé que aún es de noche y tengo frio.

Pero sigo aquí.

Los años pasan

AdrianIleana

Hará unos días leía este blog, lo repasaba de principio a fin, leía sus historias y me maravillaba de mis recuerdos y del como han cambiado las cosas.

Hoy Adrian tiene 11 años y disfruta de sus últimos días de niño. Aun a veces se maravilla con un pequeño juguete que lo entretiene por horas y aún no ha querido deshacerse de algunos de ellos que considera especiales y los conserva con cariño. Desde pequeño ha tenido el don de maravillarse con la vida, y esa será su fortaleza.

Pequeñitas manos ahora tiene 5 años y es un torbellino. De personalidad fuerte arrasa con todos, aun con su pequeña mascota, un perrito, con quien literalmente se agarra de las greñas. Tiene una sonrisa y alegría que mata; sus pequeños abrazos espontáneos de chango encaramado mientras dice —Papi, te quiero mucho— me hacen estremecer el alma.

He descubierto que a mi “pequeño” le fascina el mar y nadar en el agua aunque no comparte conmigo el gusto de pescar. Así he renunciado a veces siquiera mencionarlo, no soporta la visión de ver un pez con un anzuelo atravesado.

Ile por el contrario no duda en pedir un anzuelo en su pequeña caña, más de una vez nos ha ganado y no se inmuta al tomar un pez  en las manos.

Aunque ciertas veces puedo atrapar a ambos pescando jaibas o cangrejitos.

Esa, pienso, ha sido tal vez la parte más fascinante de ser padre, cada uno de ellos es diferente y especial a la vez.

¿Se sentirá lo mismo al ser abuelo?

Por las noches aún conservo la costumbre de levantarme para visitar el cuarto y cerrar las ventanas si hace frio y acomodar las sabanas. Sentarme un rato al lado de ellos, acariciar su pelo y sentir que estoy ahí para protegerlos por toda la eternidad.

Mi paso por la escuela

itm

Tendría 17 años cuando entré a la carrera. Muchas veces pienso que tan solo era un niño. Aun recuerdo la primera vez que entré al Instituto Tecnológico de Mérida a presentar examen de admisión en los laboratorios de química. Me parecía una escuela diferente.

En el 87 comencé la carrera. No me alcanzan los recuerdos para contar cuantos cayeron en el camino. Cada uno de mis compañeros era diferente y cada uno de ellos tenía su propia historia.

Aun recuerdo la costumbre de nombrar a los profesores y todas las cosas, como nuestro maestro de química y su dinosaurio, un automóvil prehistórico de color verde.

Ese fue el dinosaurio que más cabezas cortó.

De mí, digamos que no era tan bueno para la escuela, tuve mis errores y también mis buenos momentos.

Cómo extraño esos tiempos de mi escuela. Sentarme en las gradas de atrás a descansar al mediodía en esa paz absoluta que el aire corriendo sobre los flamboyanes dan.

Ver a un cabrón colgado de las ventanas del tercer piso a espaldas del maestro aplicando examen con una cartulina en la mano con las respuestas del examen.

Las mil y una vueltas a “la sombrita”, ese salón extra donde todo ingeniero de Mérida pasó alguna vez  ¿deberíamos abrir un grupo llamado “La Sombrita” en Facebook que nó?.

Eso o el tamarindo grande a la vuelta de la escuela donde había unas cómodas piedras donde discutir al calor de una cerveza la guerra de los fotones para convertirse en luz.

La huelga de la escuela donde alguien pedía “necesitamos víveres, medicinas…” y donde alguien me decía: “toma este palo, si vez que entra un policía, agarras el palo y se lo rajas en la cabeza”.

(De veras que qué pendejo era; aunque gracias a ésto, odio a muerte todo aquello que huela a grilla)

Aquél fenomenal primer concurso “diferente” de reina de carnaval.

Mi primer programa en las ALTOS 

Aquella excursión de estudios a Guadalajara donde una noche todo un piso del hotel se alcoholizó con garrafas de tequila de 5 pesos…

Hoy después de tantos años, cada vez que paso por mi Tecnológico querido, lo miro con respeto. Aprendí tanto de aquellos maestros y maestras, también de cada uno de mis compañeros y compañeras de la escuela. Somos ahora como la sangre de las venas que fluye por las ciudades, que le da vida a la península y muchas veces más allá.

Algunos andan de hígado, otros de corazón.

Y es que fue en esa escuela de la vida donde muchos maduramos y le encontramos un sentido a nuestro ser.

Lluvias en Yucatán

Lluvia

Hoy hay mucha humedad en el ambiente, se le puede sentir, se le puede respirar. Las casas y los parques al amanecer en Yucatán se les puede ver a través de una cortina blancuzca de neblina. Esta semana Mérida se encuentra cubierta de nubes a todas horas y hay lluvias por todas partes. Hará un mes todo estaba extremadamente seco y en muchas partes donde se podía ver el monte éste era un monte seco. Sin nada de hojas.

Las lluvias son buenas por que permiten a la agricultura crecer y florecer. Mucha gente en el interior del estado esperaba por estas lluvias. Recuerdo hará muchos años cuando íbamos a la milpa, por la mañana las chachalacas a lo lejos cantaban una vez de un lado y otra vez del otro lado, parecía que jugaban competencias para atraer la lluvia —va a llover—decía mi Papá. Por supuesto que llovía, así que alguna vez regresé empapado del monte y aún recuerdo el sonido del correr del agua por las piedras al bajar el cerro.

Todavía hoy pienso automáticamente cada vez que escucho a una chachalaca un “va a llover”

Las lluvias se viven de manera distinta conforme pasan los años.

Cuando estudiaba en el Tecnológico de Mérida significaba esperar a que dejara de llover para ir a casa, y si llovía mientras tomábamos clases todos quedaban en silencio, era como si el arrullo del agua cayendo del cielo permitiera enfocarnos más en lo que el maestro enseñaba.

Muchas veces también me tocó protegerme de la lluvia en los bajos del palacio de Gobierno: 7,8 de la noche , sentado sobre mi portafolio de plástico “samsonite” en medio de la gente absorta en sus pensamientos o con alguna plática aquí o allá, esperando que la lluvia escampara para tomar el camión.

También tengo recuerdos de llover en Tekax. A veces esperábamos a que terminaran esas torrenciales lluvias abajo de la casa de 2 pisos, sentados en la banqueta o jugando billar. El viento soplaba y llevaba el agua hasta adentro de los portales

Por las noches de repente llovía y todo el centro se llenaba de agua. Debíamos de esperar hasta que dieran las 12 o 12 de la noche a que terminara de llover, sentados ahí entre plática y risa recuerdo la vez que alguien pateo un anuncio, este cayó al agua y poco a poco el anuncio de madera y manta empezó a navegar y se alejó cada vez más llevado por la corriente a quién sabe donde. Seguramente el dueño del anuncio lo habrá encontrado al día siguiente lejos de ahí.

La paz que trae el final de la lluvia no tiene igual, el sonido de los grillos o de los sapos. La humedad sobre la hierba que te moja los bajos de los pantalones, los chiquillos haciendo ballenita en los charcos negros y llenos de tierra en los que tu luchas con la bicicleta por poder pasar, o las estrellas. Simplemente las estrellas.

Claro, muchas veces llover fue triste  aunque de esas veces no hablaré aquí.

Fines de Semana

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Cada fin de semana religiosamente al llegar el sábado nos íbamos a Oxcutzcab. A veces por cualquier medio posible, a veces nos parábamos en la esquina de la michoacana a pedir raid.

Recuerdo perfectamente cuando una vez pasó un camión blanco de redilas y le pedimos raid. El chofer se paró y nos gritó «¡Súbanse!»

Había llevado vacas. Así que nos fuimos en un camión lleno de mierda y de puntitas para no pisar parejo.

Aun me recuerdo ahí, tomado de las redilas con el viento en el rostro, en la oscura noche rumbo a Oxcutzcab en tal vez una noche fresca de verano. Miguel con las 2 manos se agarraba el pelo «…voy a despeinarme»

A veces éramos 2, a veces cinco, a veces 10 o tal vez más.

¿Qué año era? Tal vez 1988. Empecé a ir en 1984 cuando estudiaba segundo de prepa y tendría 14 años. La última vez que fui fue en agosto 1994. No puedo creer ¡fueron 10 años!

Si a algún lugar le debo algo en mi vida, es a este lugar. 10 años de fiestas y de ver salir el sol.

Durante esos 10 años religiosamente creo asistimos a todos las fiestas de 15 años, la consigna era «no me dijeron que no vaya». Sabíamos como entrar, eramos todos unos expertos. Algunas veces creo nos fuimos a quejar con la quinceañera quesque por que “no habían dejado entrar a alguien”

Claro está, nó nos habían invitado.

El fín de semana pasado Miguel me recordaba la vez que acaparamos las aguas de toda la fiesta y el papá de la quinceañera nos fué a pedir un agua. Aaay, me moría de risa.

Ese día a Rangel nos los llevamos como trapeador.

— ¿cuantas botellas ya tomamos Rangel?
— maaare —mirando abajo de la mesa— creo que un chingo…Desmayo
— Rangel, Rangel…
— No responde…

Fueron los primeros bailes.

image aunque alguna vez habrá que explicar la teoría de bailar en línea.

Se lo que es regresar a la 1 de la mañana, corriendo, cantando y empujando un coche por todo el camino de regreso por 16 kilómetros. Nada que un cartón y mil bromas a las 4 de la mañana no pudieran derrotar. Ese día no sé por qué motivo no le pusimos gasolina al auto (no le pusimos, kimosabi) a las 4 de la mañana no hay gasolineras.

Gracias a eso es una de esas grandes madrugadas que mejor recuerdo.

Habrá que hacerle un monumento al “mango”.

Hará unas 3 semanas finalmente he paseado de nuevo por sus calles un poco. Están llenas de recuerdos.

De vuelta

He regresado a casa.

Esta vez podré bajar del auto y sentarme en la banqueta sin pensar en regresar.

Es tal cual recuerdo. Lleno de árboles y de banquetas llenas de sombra. Por las tardes sopla un viento fresco mientras la leve luz del sol se oculta.

Hoy he salido a caminar descalzo. He podido caminar varias cuadras así y hemos lanzado piedras a los árboles. La temperatura es agradable. Mientras camino pienso «esto es lo que quiero, no pienso renunciar»

Este será mi nuevo hogar.