No hay acceso a las playas

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—No hay paso…
—¿Cómo…?
—Ni pesca, ni cordeles, ni anzuelos, ni pasos…no se puede pasar —dice el velador—. Se robaron 3 motores de las lanchas hace unas semanas, primero una semana a mí me encañonaron y luego a la semana siguiente a todos los veladores los amarraron y se llevaron los motores…

Y es lo que pasa en Yucatán, parece que poco a poco y sin que nadie se de cuenta la inseguridad o los malos actos permean en la sociedad y se van robando los espacios que antes considerábamos tranquilos y alejando la paz de este hermoso estado. Así, poco a poco, de boca en boca o de robo en robo nos enteramos que nuestra tranquilidad se ha ido o se esta yendo.

Por lo pronto parece que las “piedras” de Chuburná, lugar preferido de pesca, paseos y playa, serán por un buen rato tan solo un recuerdo en la mente de muchos.

Vida, explicame.

Vida, te juro que no te entiendo.

¿serán simples coincidencias?¿será acaso el hilo rojo?¿…o la insoportable levedad del ser?

¡¡Aaah!! te juro que no te entiendo. Explicame, quiero entender, dame tan siquiera una mendiga pista.

Hazme saber que mi polisemia y los calambres en mi estomago, que durarán todo el día, valdrán la pena.

No me mates de la angustia, que de llanto y de la risa  ya lo estoy.

Me niego a esconderla.

Bob

Hará cosa de un año conocí a Bob, tendría Bob la edad de mi padre. Amable y atento me invitó a cenar durante mi estancia de una semana en USA. Bob tenía una muy buena conversación, un tipo sin nada de complicaciones y agradable.

Bob resultó ser un ex piloto de la guerra de Vietnam que al no poder seguir volando se convirtió en vendedor de software.

Es curioso como al conocer a más y mas gente conoces diferentes puntos de vista del mundo. Y le debo a el una que no conocía:

—Ustedes creen que si alguien invade a México vamos a dejar a México solo, ustedes son nuestros amigos, nuestros vecinos!

Y con el uno es capaz de componer el mundo con una cerveza en la mano.

Una mañana después mientras daba mi curso salió a relucir la captura de un pirata somalí por parte de la marina estadunidense, así que las opiniones en el curso variaron de qué era lo que había que hacer con ese chico.

Palabras mas y palabras menos Bob dijo algo así…

—Cualquier cabrón que tenga un rifle en las manos debería recibir un balazo en la cabeza. Simplemente.
—El chico es menor de edad, debería ser juzgado—alguien más terció.
—Aunque fuera un niño, si tiene un rifle y está dispuesto a usarlo, deberían dispararle.

Todos en el grupo se quedaron en silencio, en muchos de ellos podía ver las caras de disgusto. Así que Bob continuó.

—Una vez mientras volaba sobre un campo cultivado en Vietnam, a lo lejos vi un niño, ese niño tomó su rifle y le apuntó a mi avión, de repente sentí un dolor intenso y sangre, me había disparado y herido en la pantorrilla. Así que le di la vuelta al avión, regrese sobre el campo y arrasé con todo. Aun tengo la cicatriz. Repito, aunque sea menor de edad, si lleva un rifle y está dispuesto a usarlo le deben disparar.

Creo que ha sido uno de los momentos más difíciles que me ha tocado tener en un grupo. Nadie se esperaba un comentario como este, así que las toses en la sala y el break debieron ayudar a arreglar la situación.

En ese mismo grupo también conocí a una amiga, una persona amable, agradable y atenta que me llevó de compras junto con su esposo. Ambos eran de Laos y me contaron su historia. Habían salido de su país debido a aquella cruenta guerra; menos la madre que como toda persona mayor nunca renuncia a dejar atrás lo que ha sido su vida.

Ella solo dijo.

—Ese niño solo estaba defendiendo su país.

Ambos me han dejado pensando.