Mi paso por la escuela

itm

Tendría 17 años cuando entré a la carrera. Muchas veces pienso que tan solo era un niño. Aun recuerdo la primera vez que entré al Instituto Tecnológico de Mérida a presentar examen de admisión en los laboratorios de química. Me parecía una escuela diferente.

En el 87 comencé la carrera. No me alcanzan los recuerdos para contar cuantos cayeron en el camino. Cada uno de mis compañeros era diferente y cada uno de ellos tenía su propia historia.

Aun recuerdo la costumbre de nombrar a los profesores y todas las cosas, como nuestro maestro de química y su dinosaurio, un automóvil prehistórico de color verde.

Ese fue el dinosaurio que más cabezas cortó.

De mí, digamos que no era tan bueno para la escuela, tuve mis errores y también mis buenos momentos.

Cómo extraño esos tiempos de mi escuela. Sentarme en las gradas de atrás a descansar al mediodía en esa paz absoluta que el aire corriendo sobre los flamboyanes dan.

Ver a un cabrón colgado de las ventanas del tercer piso a espaldas del maestro aplicando examen con una cartulina en la mano con las respuestas del examen.

Las mil y una vueltas a “la sombrita”, ese salón extra donde todo ingeniero de Mérida pasó alguna vez  ¿deberíamos abrir un grupo llamado “La Sombrita” en Facebook que nó?.

Eso o el tamarindo grande a la vuelta de la escuela donde había unas cómodas piedras donde discutir al calor de una cerveza la guerra de los fotones para convertirse en luz.

La huelga de la escuela donde alguien pedía “necesitamos víveres, medicinas…” y donde alguien me decía: “toma este palo, si vez que entra un policía, agarras el palo y se lo rajas en la cabeza”.

(De veras que qué pendejo era; aunque gracias a ésto, odio a muerte todo aquello que huela a grilla)

Aquél fenomenal primer concurso “diferente” de reina de carnaval.

Mi primer programa en las ALTOS 

Aquella excursión de estudios a Guadalajara donde una noche todo un piso del hotel se alcoholizó con garrafas de tequila de 5 pesos…

Hoy después de tantos años, cada vez que paso por mi Tecnológico querido, lo miro con respeto. Aprendí tanto de aquellos maestros y maestras, también de cada uno de mis compañeros y compañeras de la escuela. Somos ahora como la sangre de las venas que fluye por las ciudades, que le da vida a la península y muchas veces más allá.

Algunos andan de hígado, otros de corazón.

Y es que fue en esa escuela de la vida donde muchos maduramos y le encontramos un sentido a nuestro ser.

Anuncios

¿y tú que piensas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s