Herida

Todo esto ha cambiado, todo el mundo ha cambiado.

Mi pequeño en sus últimos días de niño llora y me tiende su pié.

—¡Me duele!

Sé que le duele pero lo que realmente busca es que alguien lo reconforte y extiende su pié en mis manos. Mientras aplico en su dedo un poco de hielo puedo sentir la confianza que pone en mí. Sin pensarlo el está en mis manos. No duda, cree y tiene fe en mí ciegamente como lo hace cada vez que se enferma.

Y de repente entiendo que esto es amar.

Amar es poner tu vida en manos de otro, con plena confianza, a ciegas, con fe.

Y así amo a mis pequeños, a mi pequeño hijo y a pequeñitas manos.

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