Dias de cine

CintaCine

Cada domingo sin falta a las 6 de la tarde nos reuníamos en el cine. Tendría tal vez 12 o 13 años.

Poco a poco iban llegando. Todos recién bañaditos listos para entrar al cine.

Nuestro cine preferido no tenía techo. Así que durante el verano, cuando el anochecer llegaba muy tarde, nos divertíamos mientras tanto viendo llegar el tren. La estación estaba a un costado. Poníamos monedas sobre los rieles y esperábamos sobre las vías verlo venir. tren_yuc

Ese sonido a silbato anunciando a lo lejos el inicio de la tarde en un pueblo pequeño es mágico y no lo puedo olvidar.

A las 6 de la tarde la estación se llenaba de gente, de huipiles llenos de flores y rebozos, de alpargatas y sombreros. En ese momento se llenaba la tarde de olor a pan recién hecho. De raspados y dulces.

Cuando caía la tarde y las primeras estrellas se asomaban en el firmamento nos encontrábamos sentados todos en fila en una banca de madera en el cine. Eran momentos de risas, de comentar lo sucedido en la semana, de empujones y juegos.

Cada función era diferente.

En Diciembre todos los bolsillos estaban llenos de palomitas o petardos así que no era raro escuchar el estruendo de ellos en medio de la función y luego un “¡Chiiiinga tu maaaadre!” de alguién a quién le había caído encima.

Llovían las mentadas de madre, gritos y risas.

Otras veces era el balero que con ese tac-tac fastidioso no dejaba ver la película en paz. Ese grito a todo pulmón, de voz grave: “¡¡VEEEELE A HACER CAPIRUCHOS A TU MAAAAMAAA!!” seguido de la carcajada general de todas las personas en el cine es inolvidable Rolling on the floor.

Algunas veces llovía.

Si la lluvia no era fuerte se resolvía tomando la banca de enfrente y poniéndola sobre nuestras cabezas. Raras veces se suspendía la función por una lluvia cualquiera. ¿Lo pueden imaginar? Happy

Crecimos ahí, en ese cine. Fueron muchos años de cada domingo.

Para la edad de nuestros primeros cigarrillos y películas de adultos (dé aquellos tiempos donde una chichi en la pantalla era prohibida) de repente en la noche se levantaba una nube de humo sobre las cabezas de algún conocido. Aprendimos a vaciar los cigarrillos de tabaco, rellenarlos de cerillos hasta el tope y colocarlos sobre la oreja. En menos de 15 minutos un gorrón lo arrebataba, y en menos de 5 se le inflamaba la cara o el pelo.

Durante esas funciones prohibidas (donde para entrar nos levantábamos sobre las puntas de los pies para parecer más grandes y los pelitos del incipiente bigote eran de mucha influencia) los árboles de los costados estaban llenos de chamacos que se estiraban sobre las ramas o barda para poder ver. Uno podía ver sobre la barda como las ramas de los árboles se sacudían de un lado a otro. Era algún chamaco trepado en lo alto del arbol y asomandose para ver esa cinta prohibida . Nunca supe de un chamaco que se haya caído.

¿En todos esos años desde los 12 cuántas películas vi? No lo sé. Hace mucho que perdí la cuenta. Ese es el cino que yo recuerdo y que no puedo olvidar.

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5 comentarios en “Dias de cine

  1. Gracias al cielo que me toco vivir una parte de lo que narraste… del tren y del cine, de la lluvia, ja… tu blog es padre…. saludos, tal vez no me recuerdes, soy amigo del buen motor…

  2. Hola Gilberto

    que tiempos aquellos que se extrañan bastante.

    Claro que te recuerdo ¿cómo has estado? salúdame mucho al buén motor.

    Saludos

¿y tú que piensas?

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