El Abuelo

Desconozco el motivo por el que después de tantos años mi mente no olvida el camino. A mi lado izquierdo está el faro donde varias veces pesqué con mi Papá. Un poco más adelante el camino de piedras que llevaba a casa.

La primera vez en 16 años que regresé mi tío me advirtió con sus sabias palabras:

Es mejor que no sigas adelante, es mejor que conserves en tu mente tus recuerdos de niño.

Tenía razón, fue muy duro destruir esa imagen.

El frente de la casa era bello. Tenía arriates de zacate verde pulcramente cortado, estaba lleno de flores y de pequeñas palmas. La casa era azul, de madera y de techo rojo de teja. Se podía oler a la distancia el humo que despedía la cocina que por la parte de atrás de la casa existía, esa cocina donde la abuela cocinaba las gallinas que le ayudaba a atrapar.

Estaba llena de algo que por más que cierro los ojos no alcanzo a comprender. Tal vez era alegría. La alegría de mis hermanas que jugaban conmigo.

Hoy de esto no queda nada. El techo de teja ha sido sustituido por otro. El frente está sucio y desarreglado. Tan solo sobreviven por ahí una pequeña palma delgadita y un pino perdido. Mientras camino puedo reconocer todavía algunas paredes y puertas.

El sábado por la tarde caminé hasta el fondo de los platanares atrás de la casa que el abuelo sembró. Han pasado tal vez 32 años desde que los recorrí. Era tan solo un pequeño cuando jugaba entre estas matas de plátano.

Me sorprendió el silencio en ellos. Su soledad.

Mientras camino llevo en la mente las revelaciones hechas el día anterior por Valentín, un gran amigo de la familia, de toda la vida.

Me contó de cómo él todos los días a las 6 de la mañana iba por la leche.

Antes no existía la leche en polvo y tomabas leche de vaca. Cuando Geibith nació tu abuelo brincaba de alegría, pero cuando tu naciste tu abuelo se volvió loco.

Me contó acerca de un trenecito negro de pilas que todavía recuerdo.

Del final de la jornada del día.

-Todos los días iba por el puro del Abuelo y un litro de aguardiente, que el abuelo se tomaba con todos los trabajadores.

Me reveló de primera mano como este prometedor rancho, cuyo nombre se ha perdido en el tiempo, en 1975 se fue al cuerno. Me recordó su muerte 2 años después.

Disputas entre hermanos.

Me doy cuenta que varios de gustos vienen de el: tomar de cuando en cuando una copa al final del día, mi gusto por las navajas que tomaba de sus manos, mi gusto por las cajitas de madera de los puros.

Me doy cuenta y pienso en lo impresionante que el abuelo 30 años después siga dominando nuestras vidas, las de toda la familia. Las de muchos conocidos.

Mientras camino entre silencio del platanar no dejo de pensar, de tratar de recordar tan siquiera su rostro, tal vez algún abrazo y sus sonrisas para conmigo. De recordar el atardecer en la playa cuando jugaba en la arena mientras el pescaba. Quisiera verlo caminar conmigo entre estas matas de plátano, verlo descansar sobre el brocal del pozo a un lado de las gigantescas matas de aguacate. Verlo caminar desde la casa con su puro entre los dientes y el machete en la cintura.

Será algún día, lo sé. Mientras tanto descansa abuelo, descansa en paz.

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2 comentarios en “El Abuelo

  1. La foto la he tomado de Mexico desconocido y no corresponde a la casa de mis recuerdos. Es bastante parecida. Prometo en diciembre sustituirla por las fotos que conserva la familia en Yucatán. Si es que no antes Verci o Lucy me ayuda con una copia escaneada de esas fotos.

    Saludos

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