Paseo nocturno

Poco a poco los días son más largos y la temperatura por un pequeño lapso de tiempo vuelve a ser agradable. Aprovechando esto he cambiando los zapatos por unos cómodos tenis y pantalones cortos. Se antoja estar afuera para caminar y disfrutar la noche. No he ido solo, pequeñitas manos me ha acompañado. Ahora es toda una niña vivaracha llena de sonrisas y alegría, su caminar se ha vuelto mucho mas seguro y es que ahora cuenta con año y medio.

Vivir fuera de la ciudad tiene sus ventajas, no hay vehículos que te apresuren y que atesten las calles, todo está solitario, solamente algunos faroles alumbran aquí y allá de manera débil el camino. Mientras caminamos, ella se detiene al ver un perro, parece que le gustan mucho y les hace fiesta, el perro es pequeñito y no hay problema.

Los perros me preocupan mucho sobre todo los que he visto andar sueltos a veces por el vecindario mientras regreso del trabajo: Rottweiler, un doberman y un pastor alemán. Hace años mientras caminaba solo por el rumbo, 3 perros, uno de cada uno se me lanzaron encima. Afortunadamente mantuve la calma y me retiré en paz pero desde entonces mis paseos siempre llevan preocupación, hoy más que nunca mientras mi pequeña me acompaña.

Caminamos poco a poco y despacio. Jugamos a encontrar las estrellas y aprovecho para hacerle cosquillas en el cuello cuando ella levanta el rostro hacía cielo.

La calle es oscura y grandes árboles proyectan sus sombras. Esto me hace recordar mis temores a la oscuridad cuando era niño. Corría a mas no poder hasta llegar a casa.

Hoy puedo entender esos temores: las sombras son las mismas, la oscuridad y el silencio es el mismo, las figuras que forman los árboles desgajados a la vera del camino son realmente tétricas. De repente siento que en el fondo de mí, ahí, escondidos por alguna parte todavía subsisten esos temores. Tal vez mis problemas de adulto hayan hecho que pasen a segundo termino de tal forma que puedo caminar despacio y en silencio.

Mientras camino un niño se acerca corriendo a lo lejos a toda prisa con una bolsa en mano, no puedo distinguir su rostro, solo su silueta. La oscuridad es absoluta en un tramo de 100 metros.

Mientras tanto sonrío y esto me hace recordar aún más mi infancia.

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