Haciendo escala

Hasta los 4 años crecí en un pequeño rancho cerca de Nautla, en el estado de Veracruz. Ya casi no tengo recuerdos de esto. Muy vagamente recuerdo un gigante árbol de mangos que servía sostén al columpio de madera que nos divirtió. Los muchas juegos de rondas que con mis hermanas y amigos jugaba. Una delgada baqueta de cemento donde jugué con carritos mientras era un pequeño.

Las fotos que guardo en mi mente se han vuelto cada día más tenues.

Regresar y dormir en ella pareciera irreal, sin embargo estoy ahí. La casa de madera y teja que mis recuerdos guardan ya no tiene jardines. Las flores se han ido. El verde césped que crecía en la entrada se ha ido también. Nos bajamos de los autos, mi pequeño corre presuroso dentro de la casa, es un mundo nuevo, un mundo mágico que hay que explorar. Nos recibe mi madre con los brazos abiertos, mi hermana la abraza,

Es difícil platicar lo que se siente, estar ahí mientras los grillos cantan alrededor, estar ahí bajo los árboles en plena noche. Los tractores todavía existen, viejos y oxidados, la rastra seguramente es la que conocí. Mi pequeño corre sin parar por todos lados, tengo miedo por que la parte de atrás existe un pozo lleno de agua con un brocal de apenas un metro. Le prohíbo ir a la parte de atrás; el sin embargo corre, juega a las escondidas con los demás niños. Nada es suficiente para detenerlo, nada, ni siquiera el pequeño lagarto encerrado en la jaula o las mojarras en la pileta de agua.

Es muy tarde ya y estamos retrasados, debemos decidir si continuamos hasta la ciudad de Veracruz en ese momento o lo haremos al siguiente día. Mientras tanto empezamos a subir las cosas que debemos llevarnos: Un racimo de plátano macho, medio costal sin tostar de café, un mundo de plantas y piedras. Piedras redondas del lecho del río las cuales no existen en Yucatán y que mi hermana aprecia, las aprecia tanto que en cada viaje de mi Madre a Yucatán le pide piedras.

Hemos decidido continuar al día siguiente en la madrugada. Por lo pronto hay que descansar. Hay que aprovechar y bañarse mientras preparan la cena. Mi pequeño sigue corriendo por todas partes, no dura 5 minutos en ningún lado. Tomo a pequeñitas manos en mis brazos y cruzo la calle, del otro lado hay un gran potrero inundado, ella escucha calladita los extraños sonidos que vienen de ahí: ranas, sapos y grillos, es el silencio de aquí.

De cenar se sirven tamales. Ricos tamales envueltos en hoja de plátano y cocinados al vapor: de pollo y chayote con frijoles. Prefiero no comer demasiado por que si no será difícil dormir. Ile no le pone peros a los tamales, mi pequeño sí, quiere cereal. Afuera una rama camina por la calle alumbrados por sus pequeñas velas.

Después de la cena sigo caminando con Ile, me gusta caminar aquí, en el silencio de aquí. Pero no puedo hacerlo por siempre, es hora de revisar el auto, debo terminar cualquier pendiente ya que al día siguiente saldremos a las 3 de la mañana y todavía hay que descansar.

Anuncios

Un comentario en “Haciendo escala

¿y tú que piensas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s