Osos en el parque La Estanzuela

OsoAprovechando el día festivo de ayer decidí llevar a mis pequeños a a caminar al parque “la estanzuela”. Un hermoso parque en medio del bosque a la salida de Monterrey.

Como esta vez tenía a mi pequeña decidí llevármela, mi esposa se quedó en casa, así que armé el asiento en la parte trasera del auto y metí a mis 2 pequeños. Fue una mañana agradable, pequeñitas manos estaba emocionada de dar sus primeros pasos en medio de la vegetación y de tantas mariposas. Mi pequeño esta vez un poco mayor aprovechaba para explorar el bosque y a menudo lo perdía de vista. Tengo que ser honesto, pero todavía no me acostumbro a perderlo de vista, sin embargo estaba tan ocupado con mi niña que únicamente atinaba a decir “ten cuidado”.

Caminamos un poco más adentro y nos detuvimos como siempre en el arroyo. La combinación de un arroyo y piedras en la orilla es irresistible, así que aprovechamos los 3 para tirar piedras al arrollo durante unos 20 minutos.

Caminamos bastante.

Ya de regreso, tuvimos que hacer un alto en el camino en la pequeña área de juegos, un pequeño claro en el bosque de unos 30 metros de ancho y 40 de largo a la orilla del camino. Había unos 10 niños jugando, mientras corrían de un lado a otro y brincaban, me entretuve leyendo un letrero que alertaba de la presencia de osos en el parque.

“No se les acerque, no les dé de comer, no les arroje objetos, aléjese de inmediato del lugar”

Era un letrero bastante temerario, que no terminaba de leer cuando los gritos de los niños anunciaban: ¡un oso, un oso!. A la orilla del área de juegos caminaba placidamente un oso tal vez del tamaño de un perro, bueno un perro bastante grande, demasiado grande. Los niños gritaban, mi pequeño entre ellos, la distancia entre ellos y el oso sería de unos 40 metros. Le grité a mi pequeño que se uniera a mí, el se resistía debido a la curiosidad. En ese momento pensaba que haría si a alguien se le ocurriera lanzarle una piedra y el oso se decidiera atacar a los niños. Mi temor crecía, así que a regañadientes saqué a mi pequeño y nos dirigimos a la salida.

Caminamos aún 1 kilómetro por la senda solitaria antes de llegar a la salida, fueron unos largos minutos de pensar: ¿y si el oso se nos hubiera aparecido en el camino?¿y si se le hubiera aparecido mientras el caminaba solo? ¿y si se nos aparece ahorita?

La cuidadores del parque únicamente me atinaron a decir: “bajan a menudo, lo que pasa que arriba se les ha acabado la comida”. Recordé a las familias que emocionadas se habían quedado a ver el oso y lo filmaban mientras gritaban de alegría.

Hasta que no ocurra un accidente, pensaba.

Mi pequeño lo vio todo más simple: “te haces el muerto, y el oso no te ataca”. Como envidié su mente.

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