Recuerdos


Hoy me duele un resto la garganta de reírme tanto. Rayos, no puedo creer a veces que hiciéramos tantas barbaridades cuando éramos jóvenes. Lástima que no pudimos ir a la feria de la naranja, ya será otro día.

A veces olvido fácilmente.

Sirva este post para darles gracias a todos esos grandes amigos que saben lo que es reír a altas horas de la madrugada. Que saben compartir la alegría o la tristeza. Que saben llegar, sentarse a tu lado en silencio.

Mi esposa me decía alguna vez «así te veré alguna vez, viejito, sentado con tus amigos platicando» y honestamente me costaba mucho trabajo verme así.

Ahora que estoy de regreso y vuelvo a compartir la mesa con ellos descubro que será así. Por primera vez en muchos años sé quienes estarán ahí sentados a mi lado en la vejez, sé quienes irán a los funerales cuando alguno de nosotros muera y se que recordaremos con risas aquellos momentos que pasamos juntos.

Descubro que gran parte de lo que soy ahora se lo debo a ellos. Compartieron su alegría conmigo todos los días y azuzaron en mí el valor y el coraje para salir siempre adelante. Ahora a mi edad puedo reconocer el valor que tiene caminar unidos de un abrazo, nadie puede caer mientras lo sostienen los demás.

Siempre estuvieron ahí, me duele pensar que los olvidé.

Mil gracias a todos: Miguel, Willy, Rangel, Rubén, Jorge, Cesar, Francis. También a Sinsi, Aaron, Pei, Motor, y Pomo. También los que me faltaron.

Mil gracias por esos días que juntos vimos ver salir el sol.

Ahora que vivo en Yucatán quisiera tener la vida para al menos vivir 10 años y esperar que seas adolescente y que Ileana tenga tu misma edad.

Ahora estoy en Brasil, en la ciudad de Sao Paulo. Se celebra el día del padre y yo escribo para ustedes acostado en la cama en silencio. He dejado la ventana abierta un poco para que entre la poca luz del sol. Por las ventanas se ven los edificios altos, el sonido de la ciudad apenas llega y algunas aves cantan cerca de la ventana.

Así es Brasil, hoy estamos en invierno.

Sé que no te he contado mi vida, a veces he fallado en comunicártela. Quisiera que entendieras y supieras que alguna vez fui un niño. Me encantaba subirme a los árboles, correr al aire libre, jugar canicas y reír todos los días.

Tu abuelito, mi papa, siempre estaba en la escuela. Recuerdo mucho más cosas de esta época. A veces ciertos días había tormentas que ennegrecían el cielo por varias horas. Recuerdo la luz de un rayo por la ventana, el estruendo que hizo tan cerca de mí, Norka tu tía me jaló hacía atrás.

En la escuela doña chona vendía tortas de jamón, de telera con una rebanada de cebolla y un sabor que en perseguido en mi vida pero no he podido encontrar. Mientras la maestra daba clases yo jugaba con los lápices, eran naves que me llevaban a lugares lejanos.

San Rafael fue un lugar donde fue muy lindo estar ahí. He sentido a lo largo de los años que ahí realmente fui un niño.

A veces corríamos entre los plátanos y jugábamos sin preocupaciones. Con unas ligas recorríamos los platanares buscando libélulas. En agosto las lluvias inundaban el patio y algunos días podíamos salir a caminar con botas de hule y el agua a 5 cm de altura. Era un patio lleno de agua de principio a fin. Era un patio lleno de sol y nubes en el piso, de agua transparente que permitía ver.

Si Ileana, también me hubiese gustado que estuvieras ahí. Sería mágico poder jugar contigo y brincar en el agua. Adrián seguramente correría saltando sobre el agua lleno de felicidad.

De esta casa recuerdo mi primer muerto. Mi abuelito murió dormido en el canapé. Recuerdo vagamente su figura dormida. Tendría unos seis años. Abuelo ¿en el cielo podré a volver a jugar contigo?¿pero no me regañarás, verdad? Solo quería acompañarte ¿Querrás jugar con mis hijos Abuelo? Tal vez yo pueda ser pequeño de nuevo y jugaremos juntos.

Enfrente de la casa teníamos un almendro y sobre la banqueta aterrizaban sus pequeñas flores que con sus antenitas parecían diminutas naves. Me encantaba jugar con ellas. Armaba tubos desde donde tirar las canicas, con maderas y el dominó del abuelo. La ficha que más me gustaban incluían el numero 5, pero no el cuatro, tampoco el tres.

Hace muchos años un día cualquiera de repente se apareción un teniente, coronel o soldado (ni idea de que fuera) en la escuela. Así de repente, unas 2 semanas como parte de la clase de educación fisica teníamos a un soldado que nos tenía marchando al derecho y al revés. Nos hizo correr, nos hizo sudar.

Un día cualquiera en donde no se celebraba nada, tal vez un vil y común miercoles o jueves, llegó un contingente de soldados al pueblito donde viviamos y al día siguiente se organizo un desfile en el lugar.

Participarón muchas escuelas (no puedo recordar si todas): primarias, secundarias y bachillerato. Un contigente soldados abría el desfile, perfectamente vestidos y con una banda de guerra que tocaba perfecto. Atrás veníamos los niños de todas las escuelas marchando lo mejor que se pudiera. Cerrando el desfile venía otro contingente de soldados marchando impecablemente como ellos lo saben hacer, con uniformes y armas al pecho.

Así que todo el pueblo en un día de trabajo cualquiera tuvo un desfile militar. Todos salian a la calle a ver ese singular desfile.

¿Qué se celebró? Quién sabe.

¿el día de la bandera, del ejercito, del maestro, de la revolución, de la independencia…? Nó, nada de eso.

¿Por que nos hicieron participar? Quién sabe, los maestros nunca nos supieron decir. Lo que si recuerdo es que ese día estabamos contentos por que no habría clases.

Pasado esto, se fueron y no los volvimos a ver.

Cuando recuerdo esto a través de los años recuerdo también que unos pocos meses atrás en ese pueblito me parece que alguien había perdidos las elecciones así que cierta gente se alborotó, le prendió fuego al palacio municipal, saquearon el mercado, metieron a la carcel a los policias…un reverendo desmadre.

Esto fué en 1982 o 83, tendría 12 o 13 años, los de primaria han de haber tenido 8,9 o 10 años. Esa era la fuerza del estado en aquel entonces, los soldados desfilando y los niños enmedio.

Que tiempos aquellos: 20 años, un cielo claro y limpio, la sombra agradable de un árbol a las afueras del pueblo, una buena piedra para sentarse y un carton de cervezas.

El mundo se podía arreglar en un santiamén.

Pasó una patrulla, nos vió y se detuvo.

—que no saben que está prohibido tomar en la vía publica?— nos preguntó

Ya nos había atrapado…

—a ver ¿cuál es tu nombre?—preguntó
—Freddy Mercury—le respondió el primero
—¿y tú?—me preguntó
—Clint Eastwood—respondí.

Se quedó en silencio con cara de “me están chingando”. No identificaba los nombres. Nos moriamos de risa por dentro nadamás de verle la cara al policía.

—a ver tú ¿cómo te llamas?—preguntó una vez más.
—Arnold Schwarzenegger
—eeeh, yo a ti si te conozco, ¡órale cabrones a la patrulla!

…todavía le seguimos rayando la madre al último :grin: , como no se le ocurrió otro pinche nombre .

Tal vez tendría 16 años cuando una noche calurosa decidimos mis amigos y salir a pasear en bicicleta. Normalmente nos reuníamos en el parque a jugar “patea-lata” (una especie de juego de las escondidas usando una lata) o a contar historias. Esa noche decidimos pasear en bicicleta. Nuestro pueblo era pequeñito y no había mucho donde ir. Decidimos irnos por el rumbo de las parcelas, terrenos grandes llenos de árboles frutales.

Era una noche agradable, poco a poco fuimos dejando las casas atrás. Las luces se acabaron. La noche era clara debido a la luz de la luna. Las parcelas estaban vacías, sin persona alguna que las cuidara.

Nos bajamos de las bicicletas y nos montamos sobre los canales de riego para caminar sobre de ellos. No recuerdo cuanto caminamos hasta que nos topamos con una pequeñita piscina.

-¡Mira, una alberca!

-¿y si nos bañamos?

-No, seguramente viene alguien y nos corre.

-¿quién si no hay nadie?

-Bueno….

Así que nos aventamos sin mucho pensarle. Nos hemos divertido como nunca. Hicimos carreritas de un lado al otro, concurso de clavados, Rodolfo hacía “ballenita” (nadando de espaldas y echando un chorrito de agua por la boca ), concursos de quién aguantaba más la respiración, batalla de caballitos, brincos y saltos.

Rayos, me he divertido tanto :grin: que difícilmente puedo recordar una noche donde me haya reído y disfrutado más. Recuerdo que manejamos nuestras bicis de regreso a nuestras casas por las oscuras y solitarias calles del pueblo todos mojados.

Al día siguiente que nos reunimos por la tarde en la culebra (así le decíamos a una estructura de cemento en forma de culebra en donde nos sentábamos a viborear).

-¡Como nos divertimos ayer…!

-¿y si vamos ahorita?

-vamos

Pues nos lanzamos de nuevo a la famosa piscina. De día, el camino se nos hizo más corto y no fue difícil dar con ella. Descubrimos :shock: que era un cuadradito de 2 x 2 como de 1 metro de altura, el agua estaba verde, VEERDEE e infestada de miles de renacuajos, larvas de mosquitos, bubul-jas (un escarabajo acuático de por allá) y mil pestes más. Todo esto además de la lama (¿o limo?) verde que crecía como zacate dentro de la pileta (por que pues ya no se puede llamar piscina).

Hay, creo que duramos en el piso muertos de la risa :grin: y de las carcajadas una media hora. Rodolfo 15 minutos más ya que el era el que hizo “ballenita”.

Todavía no me explico como en ese cuadrito de 2 x 2 nos divertimos tanto. Creo poder entender perfectamente el capitulo donde Bob Esponja y Patricio se divierten de lo lindo con una caja de cartón.

Lo cierto es que no cabe duda que de noche todos los gatos son pardos.

Nunca imaginé que palabras como “pingüino” y “ungüento” pudieran hacerme feliz.

Recién llego de la escuela y todavía no puedo digerirlo. Mi pequeño me ha recibido con un espectacular salto a mis brazos y una cara llena de alegría.

-¡me saqué un 10!

Se sentía muy contento. Tenía rato que no lo veía así.

Ha batallado un poco en la escuela. Las letras se le han dificultado bastante y yo he sido duro con él. Hemos estudiado cada noche las difíciles letras y yo me he preguntado como le explico la absurdas reglas que dicen que la “s” y la “c” se usan de manera distinta si suenan igual (“silaba”,”cigarro”).

Hoy ha sido el primer dictado que ha logrado con éxito. Sus pequeños brazos me has estrechado con emoción. No pudo aguantarse, sacó su cuaderno y me mostró su 10.

-Tenía duda de la #5, pero me acordé que era con el palito.

Lo he llenado de abrazos y besos, mientras sentía sus pequeños brazos a mi alrededor.

En esta tarde aun cuando tengo mil pendientes con varios de nuestros clientes grandes ninguno de ellos importa. No cabe duda que estas pequeñas simplezas son las que permiten vivir.

Me siento un poco raro en el trabajo, y es que hoy cuando mi pequeño me pidió acompañarme hoy el día del niño no me pude negar.

Mientras hablo por teléfono el camina despacito o se me acerca y me habla en el oído.

En la mesa que está enfrente se ha entretenido bastante siguiendo las instrucciones para armar el pequeño castillo. Ahora ya que descubrió el pequeño cañón, en silencio lo ha disparado contra cuanta silla se le pone enfrente. Se mete bajo las mesas buscando la bala imantada perdida en el disparo.

Me pregunto que recordará de aquí cuando sea grande.

Por la tarde hemos recorrido un poco el lugar. Visitamos Nautla y me atreví a visitar Xicaltepec o Jicaltepec, pequeño pueblito a la orilla del río. La carretera parte desde Nautla y es un hermoso camino en un día soleado. No recuerdo jamás haber transitado por este camino.

No entiendo por que el cambio de nombre, cuando vivía por estos rumbos los letreros lo escribían con “J” y ahora me lo encuentro con “X”. Me sorprendió ver que había una carretera hacía ella.

He de haber visitado este pequeño pueblito 1 o 2 veces. Solo que yo recuerdo que para visitarlo cruzábamos en lancha desde San Rafael. Si algún pueblito debiera ser mágico sería este. Sus casas de teja roja son preciosas. Pero todo esto ha caído en el abandono. Lucen puertas cerradas y ventanas abiertas. Sus buhardillas oscuras denuncian la soledad.

Ya no está la gente que las habitaba y son muy pocas las familias que habitan. Dos siglos de historia duermen aquí.

Por casualidad visitamos el cementerio. Fue fascinante recorrer sus tumbas. Tratar de encontrar nombres y conocidos. Algunas tumbas era extremandamente antiguas. Había una de 1860, que seguramente fue de algún primer habitante de estos lares. De los que llegaron en 1833. Varias de ellas en la parte más antigua han perdido ya sus palabras y no se puede ver de quién son. Sobre alguna de ellas descansa un florero formado por una jarra de porcelana, extraída tal vez de alguna antigua vajilla europea.

En medio de ellas una gran mata de chaca se incendiaba. Era algo extraño ver ese grán arbol con un gran hueco en lo alto de ella despidiendo calor y crepitando. La tarde era extraña y oscura. Tan solo un solitario viejito fiel a su diaria visita hecha a su esposa fallecida se encontraba en el lugar.

Algunas lapidas con sus textos en francés evidenciaban que aún lejos de su tierra nunca renunciaron a olvidar su hogar. Las historias perdidas que había en este cementerio eran muchas, aunque algunas de ellas se han recuperado.

Mi mamá me explicó que íbamos en lancha por que San Rafael estaba en la orilla contraria del río y que esta carretera siempre había existido.

Esa noche me costó trabajo conciliar el sueño. No he podido dejar de pensar en las historias perdidas. Me prometí visitar mañana la tumba del abuelo y bisabuelo en Mentidero.

Anoche a la 1 de la mañana llegamos de nuestro pesado viaje. Hemos ido de visita a Veracruz. Salimos el jueves por muy temprano. Por la tarde habíamos llegado a nuestro destino. El viaje fue sin contratiempos. La parte más pesada siempre ha sido el tramo Tampico-Tuxpan, lleno de traileres que con su pesada carga y su andar lento desesperan a cualquiera. Para las 3:40 de la tarde cruzábamos el puente de Tecolutla. Unos minutos más y la costa apareció.

Recuerdo cuando mi pequeño tenía 2 años, las primeras veces la playa le daba temor, ahora ya más grande no. Desesperado de tantas horas de camino pedía playa así que hicimos un alto en Montegordo para estirar las piernas y el para bañarse. Fue agradable ver su sonrisa.

El Viernes temprano fuimos a la playa. Qué playas tan diferentes de color oscuro. Pequeñitas manos tenía un poco de miedo y se resistía un poco. Le daban miedo las olas que cubrían sus pies. Corría como loca para deshacerse de ellas. Pero cuando hicimos un hoyo en la arena que llenamos con agua ¡como se divirtió! Jugaba con la arena en sus pequeñas manos, jugaba con el agua que las olas llevaban hasta su refugio.

Su hermano no se cansó de jugar en el agua y de saltar en las olas. Las olas eran bastante altas y era pesado estar en ellas. Pero nada que no pudiera detener a un niño.

Desconozco el motivo por el que después de tantos años mi mente no olvida el camino. A mi lado izquierdo está el faro donde varias veces pesqué con mi Papá. Un poco más adelante el camino de piedras que llevaba a casa.

La primera vez en 16 años que regresé mi tío me advirtió con sus sabias palabras:

Es mejor que no sigas adelante, es mejor que conserves en tu mente tus recuerdos de niño.

Tenía razón, fue muy duro destruir esa imagen.

La casa era parecida estaEl frente de la casa era hermoso. Tenía arriates de zacate verde pulcramente cortado, estaba lleno de flores y de pequeñas palmas. La casa era azul, de madera y de techo rojo de teja. Se podía oler a la distancia el humo que despedía la cocina que por la parte de atrás de la casa existía, esa cocina donde la abuela cocinaba las gallinas que le ayudaba a atrapar.

Estaba llena de algo que por más que cierro los ojos no alcanzo a comprender. Tal vez era alegría. La alegría de mis hermanas que jugaban conmigo.

Hoy de esto no queda nada. El techo de teja ha sido sustituido por otro. El frente está sucio y desarreglado. Tan solo sobreviven por ahí una pequeña palma delgadita y un pino perdido. Mientras camino puedo reconocer todavía algunas paredes y puertas.

El sábado por la tarde caminé hasta el fondo de los platanares atrás de la casa que el abuelo sembró. Han pasado tal vez 32 años desde que los recorrí. Era tan solo un pequeño cuando jugaba entre estas matas de plátano.

Me sorprendió el silencio en ellos. Su soledad.

Mientras camino llevo en la mente las revelaciones hechas el día anterior por Valentín, un gran amigo de la familia, de toda la vida.

Me contó de cómo él todos los días a las 6 de la mañana iba por la leche.

Antes no existía la leche en polvo y tomabas leche de vaca. Cuando Geibith nació tu abuelo brincaba de alegría, pero cuando tu naciste tu abuelo se volvió loco.

Me contó acerca de un trenecito negro de pilas que todavía recuerdo.

De los primeros juguetes que existieron en La Poza.

Del final de la jornada del día.

-Todos los días iba por el puro del Abuelo y un litro de aguardiente, que el abuelo se tomaba con todos los trabajadores.

Me reveló de primera mano como este prometedor rancho, cuyo nombre se ha perdido en el tiempo, en 1975 se fue al cuerno. Me recordó su muerte 2 años después.

Disputas entre hermanos.

Me doy cuenta que varios de gustos vienen de el: tomar de cuando en cuando una copa al final del día, mi gusto por las navajas que tomaba de sus manos, mi gusto por las cajitas de madera de los puros.

Me doy cuenta y pienso en lo impresionante que el abuelo 30 años después siga dominando nuestras vidas, las de toda la familia. Las de muchos conocidos.

Mientras camino entre silencio del platanar no dejo de pensar, de tratar de recordar tan siquiera su rostro, tal vez algún abrazo y sus sonrisas para conmigo. De recordar el atardecer en la playa cuando jugaba en la arena mientras el pescaba. Quisiera verlo caminar conmigo entre estas matas de plátano, verlo descansar sobre el brocal del pozo a un lado de las gigantescas matas de aguacate. Verlo caminar desde la casa con su puro entre los dientes y el machete en la cintura.

Será algún día, lo sé. Mientras tanto descansa abuelo, descansa en paz.

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