Las cosas que quiero llevar conmigo


Lluvia

Hoy hay mucha humedad en el ambiente, se le puede sentir, se le puede respirar. Las casas y los parques al amanecer en Yucatán se les puede ver a través de una cortina blancuzca de neblina. Esta semana Mérida se encuentra cubierta de nubes a todas horas y hay lluvias por todas partes. Hará un mes todo estaba extremadamente seco y en muchas partes donde se podía ver el monte éste era un monte seco. Sin nada de hojas.

Las lluvias son buenas por que permiten a la agricultura crecer y florecer. Mucha gente en el interior del estado esperaba por estas lluvias. Recuerdo hará muchos años cuando íbamos a la milpa, por la mañana las chachalacas a lo lejos cantaban una vez de un lado y otra vez del otro lado, parecía que jugaban competencias para atraer la lluvia —va a llover—decía mi Papá. Por supuesto que llovía, así que alguna vez regresé empapado del monte y aún recuerdo el sonido del correr del agua por las piedras al bajar el cerro.

Todavía hoy pienso automáticamente cada vez que escucho a una chachalaca un “va a llover”

Las lluvias se viven de manera distinta conforme pasan los años.

Cuando estudiaba en el Tecnológico de Mérida significaba esperar a que dejara de llover para ir a casa, y si llovía mientras tomábamos clases todos quedaban en silencio, era como si el arrullo del agua cayendo del cielo permitiera enfocarnos más en lo que el maestro enseñaba.

Muchas veces también me tocó protegerme de la lluvia en los bajos del palacio de Gobierno: 7,8 de la noche , sentado sobre mi portafolio de plástico “samsonite” en medio de la gente absorta en sus pensamientos o con alguna plática aquí o allá, esperando que la lluvia escampara para tomar el camión.

También tengo recuerdos de llover en Tekax. A veces esperábamos a que terminaran esas torrenciales lluvias abajo de la casa de 2 pisos, sentados en la banqueta o jugando billar. El viento soplaba y llevaba el agua hasta adentro de los portales

Por las noches de repente llovía y todo el centro se llenaba de agua. Debíamos de esperar hasta que dieran las 12 o 12 de la noche a que terminara de llover, sentados ahí entre plática y risa recuerdo la vez que alguien pateo un anuncio, este cayó al agua y poco a poco el anuncio de madera y manta empezó a navegar y se alejó cada vez más llevado por la corriente a quién sabe donde. Seguramente el dueño del anuncio lo habrá encontrado al día siguiente lejos de ahí.

La paz que trae el final de la lluvia no tiene igual, el sonido de los grillos o de los sapos. La humedad sobre la hierba que te moja los bajos de los pantalones, los chiquillos haciendo ballenita en los charcos negros y llenos de tierra en los que tu luchas con la bicicleta por poder pasar, o las estrellas. Simplemente las estrellas.

Claro, muchas veces llover fue triste  aunque de esas veces no hablaré aquí.

fotos-atractivos1

Cada fin de semana religiosamente al llegar el sábado nos íbamos a Oxcutzcab. A veces por cualquier medio posible, a veces nos parábamos en la esquina de la michoacana a pedir raid.

Recuerdo perfectamente cuando una vez pasó un camión blanco de redilas y le pedimos raid. El chofer se paró y nos gritó «¡Súbanse!»

Había llevado vacas. Así que nos fuimos en un camión lleno de mierda y de puntitas para no pisar parejo.

Aun me recuerdo ahí, tomado de las redilas con el viento en el rostro, en la oscura noche rumbo a Oxcutzcab en tal vez una noche fresca de verano. Miguel con las 2 manos se agarraba el pelo «…voy a despeinarme»

A veces éramos 2, a veces cinco, a veces 10 o tal vez más.

¿Qué año era? Tal vez 1988. Empecé a ir en 1984 cuando estudiaba segundo de prepa y tendría 14 años. La última vez que fui fue en agosto 1994. No puedo creer ¡fueron 10 años!

Si a algún lugar le debo algo en mi vida, es a este lugar. 10 años de fiestas y de ver salir el sol.

Durante esos 10 años religiosamente creo asistimos a todos las fiestas de 15 años, la consigna era «no me dijeron que no vaya». Sabíamos como entrar, eramos todos unos expertos. Algunas veces creo nos fuimos a quejar con la quinceañera quesque por que “no habían dejado entrar a alguien”

Claro está, nó nos habían invitado.

El fín de semana pasado Miguel me recordaba la vez que acaparamos las aguas de toda la fiesta y el papá de la quinceañera nos fué a pedir un agua. Aaay, me moría de risa.

Ese día a Rangel nos los llevamos como trapeador.

— ¿cuantas botellas ya tomamos Rangel?
— maaare —mirando abajo de la mesa— creo que un chingo…Desmayo 
— Rangel, Rangel…
— No responde, creo que ya está pedo.

Fueron los primeros bailes.

image aunque alguna vez habrá que explicar la teoría de bailar en línea.

Se lo que es regresar a la 1 de la mañana, corriendo, cantando y empujando un coche por todo el camino de regreso por 16 kilómetros. Nada que un cartón y mil bromas a las 4 de la mañana no pudieran derrotar. Ese día no sé por qué motivo no le pusimos gasolina al auto (no le pusimos, kimosabi) a las 4 de la mañana no hay gasolineras.

Gracias a eso es una de esas grandes madrugadas que mejor recuerdo.

Habrá que hacerle un monumento al “mango”.

Hará unas 3 semanas finalmente he paseado de nuevo por sus calles un poco. Están llenas de recuerdos.

He regresado a casa.

Esta vez podré bajar del auto y sentarme en la banqueta sin pensar en regresar.

Es tal cual recuerdo. Lleno de árboles y de banquetas llenas de sombra. Por las tardes sopla un viento fresco mientras la leve luz del sol se oculta.

Hoy he salido a caminar descalzo. He podido caminar varias cuadras así y hemos lanzado piedras a los árboles. La temperatura es agradable. Mientras camino pienso «esto es lo que quiero, no pienso renunciar»

Este será mi nuevo hogar.