Quisiera a veces poder volver al pasado, sentarme ahí de nuevo sobre esas banquetas o sillas, compartir y escuchar. Es como un sueño que no logro realizar y entonces la convierto en una fantasía imposible que vivo lentamente de cuando en cuando y disfruto.
Eso me sucede cada vez que me conecto con alguna pieza que me seduce.
Supongo que esto se debe a que cuando somos adolescentes compartimos y discutimos aquello que nos gusta con detalle. Se puede pasar uno toda la noche hasta el amanecer discutiendo los colores, el ritmo o la voz.
Cosas simples que importan tanto.
Y hoy quisiera discutir la dulzura y la sensualidad de Kimbra. Su frágil despegar de mariposa. La voz de Gotye y lo sutil de esos pequeños sonidos que se niegan a salir de mi cerebro.
¡Rayos! ¿algún día estará disponible una versión guitarra para Rocksmith?
