Hoy me duele un resto la garganta de reírme tanto. Rayos, no puedo creer a veces que hiciéramos tantas barbaridades cuando éramos jóvenes. Lástima que no pudimos ir a la feria de la naranja, ya será otro día.
A veces olvido fácilmente.
Sirva este post para darles gracias a todos esos grandes amigos que saben lo que es reír a altas horas de la madrugada. Que saben compartir la alegría o la tristeza. Que saben llegar, sentarse a tu lado en silencio.
Mi esposa me decía alguna vez «así te veré alguna vez, viejito, sentado con tus amigos platicando» y honestamente me costaba mucho trabajo verme así.
Ahora que estoy de regreso y vuelvo a compartir la mesa con ellos descubro que será así. Por primera vez en muchos años sé quienes estarán ahí sentados a mi lado en la vejez, sé quienes irán a los funerales cuando alguno de nosotros muera y se que recordaremos con risas aquellos momentos que pasamos juntos.
Descubro que gran parte de lo que soy ahora se lo debo a ellos. Compartieron su alegría conmigo todos los días y azuzaron en mí el valor y el coraje para salir siempre adelante. Ahora a mi edad puedo reconocer el valor que tiene caminar unidos de un abrazo, nadie puede caer mientras lo sostienen los demás.
Siempre estuvieron ahí, me duele pensar que los olvidé.
Mil gracias a todos: Miguel, Willy, Rangel, Rubén, Jorge, Cesar, Francis. También a Sinsi, Aaron, Pei, Motor, y Pomo. También los que me faltaron.
Mil gracias por esos días que juntos vimos ver salir el sol.
