Diciembre 2008


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Cada fin de semana religiosamente al llegar el sábado nos íbamos a Oxcutzcab. A veces por cualquier medio posible, a veces nos parábamos en la esquina de la michoacana a pedir raid.

Recuerdo perfectamente cuando una vez pasó un camión blanco de redilas y le pedimos raid. El chofer se paró y nos gritó «¡Súbanse!»

Había llevado vacas. Así que nos fuimos en un camión lleno de mierda y de puntitas para no pisar parejo.

Aun me recuerdo ahí, tomado de las redilas con el viento en el rostro, en la oscura noche rumbo a Oxcutzcab en tal vez una noche fresca de verano. Miguel con las 2 manos se agarraba el pelo «…voy a despeinarme»

A veces éramos 2, a veces cinco, a veces 10 o tal vez más.

¿Qué año era? Tal vez 1988. Empecé a ir en 1984 cuando estudiaba segundo de prepa y tendría 14 años. La última vez que fui fue en agosto 1994. No puedo creer ¡fueron 10 años!

Si a algún lugar le debo algo en mi vida, es a este lugar. 10 años de fiestas y de ver salir el sol.

Durante esos 10 años religiosamente creo asistimos a todos las fiestas de 15 años, la consigna era «no me dijeron que no vaya». Sabíamos como entrar, eramos todos unos expertos. Algunas veces creo nos fuimos a quejar con la quinceañera quesque por que “no habían dejado entrar a alguien”

Claro está, nó nos habían invitado.

El fín de semana pasado Miguel me recordaba la vez que acaparamos las aguas de toda la fiesta y el papá de la quinceañera nos fué a pedir un agua. Aaay, me moría de risa.

Ese día a Rangel nos los llevamos como trapeador.

— ¿cuantas botellas ya tomamos Rangel?
— maaare —mirando abajo de la mesa— creo que un chingo…Desmayo 
— Rangel, Rangel…
— No responde, creo que ya está pedo.

Fueron los primeros bailes.

image aunque alguna vez habrá que explicar la teoría de bailar en línea.

Se lo que es regresar a la 1 de la mañana, corriendo, cantando y empujando un coche por todo el camino de regreso por 16 kilómetros. Nada que un cartón y mil bromas a las 4 de la mañana no pudieran derrotar. Ese día no sé por qué motivo no le pusimos gasolina al auto (no le pusimos, kimosabi) a las 4 de la mañana no hay gasolineras.

Gracias a eso es una de esas grandes madrugadas que mejor recuerdo.

Habrá que hacerle un monumento al “mango”.

Hará unas 3 semanas finalmente he paseado de nuevo por sus calles un poco. Están llenas de recuerdos.

Hoy me duele un resto la garganta de reírme tanto. Rayos, no puedo creer a veces que hiciéramos tantas barbaridades cuando éramos jóvenes. Lástima que no pudimos ir a la feria de la naranja, ya será otro día.

A veces olvido fácilmente.

Sirva este post para darles gracias a todos esos grandes amigos que saben lo que es reír a altas horas de la madrugada. Que saben compartir la alegría o la tristeza. Que saben llegar, sentarse a tu lado en silencio.

Mi esposa me decía alguna vez «así te veré alguna vez, viejito, sentado con tus amigos platicando» y honestamente me costaba mucho trabajo verme así.

Ahora que estoy de regreso y vuelvo a compartir la mesa con ellos descubro que será así. Por primera vez en muchos años sé quienes estarán ahí sentados a mi lado en la vejez, sé quienes irán a los funerales cuando alguno de nosotros muera y se que recordaremos con risas aquellos momentos que pasamos juntos.

Descubro que gran parte de lo que soy ahora se lo debo a ellos. Compartieron su alegría conmigo todos los días y azuzaron en mí el valor y el coraje para salir siempre adelante. Ahora a mi edad puedo reconocer el valor que tiene caminar unidos de un abrazo, nadie puede caer mientras lo sostienen los demás.

Siempre estuvieron ahí, me duele pensar que los olvidé.

Mil gracias a todos: Miguel, Willy, Rangel, Rubén, Jorge, Cesar, Francis. También a Sinsi, Aaron, Pei, Motor, y Pomo. También los que me faltaron.

Mil gracias por esos días que juntos vimos ver salir el sol.

unoscvs  

Llovió toda la noche y hoy por la mañana hay un poco de bruma. Hay una pequeña ardilla sobre el tronco de un árbol buscando comida. Corre de aquí para allá con pequeños saltitos y se lleva algo a la boca.

En alguna parte hay un gorrión.

Pero siempre me ha llamado pavorosamente la atención ese grosero graznido.

Que despierta, que no abandona, que cala bien hondo.

En Monterrey solo en el frio de algunas veces del año en algunos años los vi llegar.

Más negros que la noche y de mirada estática.

Cuervos

Es la segunda vez que escribo a no se cuentos pies de altura. Esta vez la capa de nubes era más ligera, casi transparente pero constante sobre la ciudad, también sobre la península. Es mas, no pude ver la costa. La mañana era fresca como lo suelen ser las noches en diciembre en Yucatán.

Siempre me he preguntado sentirá caminar por ese cielo lleno de nubes?. Sería como caminar en el agua, con los pies llenos de humo

¿se oirá silencio?

Ayer mientras preparaba la maleta sufría de nuevo de ese malestar llamado incertidumbre. No sé a donde voy, ni como será esta vez. Nuevas caras y nuevos rostros. Es esa incertidumbre que siento cada vez que salgo ¿pasará algo?¿seré yo?¿será mi familia?¿y si por x o y no regreso? trato de alejar esto de mi mente y pienso en las cuantas veces he estado afuera y lejos. No ha pasado nada a mayores. Solo es cosa tener cuidado y pensar muy bien donde se mete uno. La experiencia me ha enseñado a desconfiar incluso de las personas que con un mapa en la mano pareciendo estar perdidas no son lo que parecen.

No puedo quejarme de la vez pasada. Todos fueron amables. Tuve incluso mi primera comida de acción de gracias. Es grato compartir la mesa y escuchar anécdotas de las demás personas. Cómo romper nueces, dónde se pueden comprar los duraznos más sabrosos, la pasión por la jardinería que alguien tiene o(la falta de agua que llevó al racionamiento de esta en Atlanta (sucede en todas partes).

Como quiera no puedo dejar de abrazar a mis familia como si fuera tal vez la última vez.

No hay nadie despierto. Mi pequeño duerme en la cama tranquilo. Suspira en silencio. Descansa. Muchas veces me pregunto como será cuando sea grande ¿Sonreirá como lo hace ahora? ¿dormirá tranquilo? No lo sé. Es difícil saber, pensar en ese futuro incierto que la vida nos depara. Buscar y encontrar el camino, algunas veces a ciegas, otras veces lleno de luz.

Es difícil pensar. Mientras estoy recostado en la hamaca puedo escuchar ese murmullo nocturno, lleno de silencio y susurros y cantos de grillos allá afuera.

Es silencio, todo es silencio.

Poco a poco la vida se agota, he llenado mi mente como un costal de recuerdos. Algunos los he extraviado en el fondo. Los más preciados de ellos. A veces quisiera encontrar la inocencia de niño que llevaba conmigo, aquellos sueños felices.

Sí pequeño, es difícil de explicar.

A veces siento una incertidumbre sobre la vida que no puedo contar. Pero vive y sonríe pequeño, son solo eso, preocupaciones que como las tormentas se irán.

Sabes cuando era niño me encantaba jugar con el agua, brincar y caminar sobre ella. Brillaba y estaba llena de sol.

Me encantaba escuchar como hoy ese silencio nocturno, mirar el techo y escuchar como poco a poco la noche se iba. Silencio, todo era silencio. A veces un pequeño ruido en el rincón y por las mañanas pequeños halos de luz y el canto del gallo.

Al levantarme podía sentir ese olor a tierra, a hojas y a frio que la vida despierta.

Al entrar a la casa el humo de leña llenaba el hogar. La abuela desde muy temprano preparaba el desayuno. Había que sentarse sobre un pequeño banquillo y comer en una pequeña mesita. Es difícil explicar el sabor del café o chocolate caliente en una jícara o el sabor de un taco de huevo con manteca y tortilla recién hecha.

Centinela y el güero meneaban la cola y jugaban conmigo…

Es difícil explicar a veces los recuerdos de niño Pequeño, ahora todo eso se ha ido, se ha ido Pequeño.