Cada fin de semana religiosamente al llegar el sábado nos íbamos a Oxcutzcab. A veces por cualquier medio posible, a veces nos parábamos en la esquina de la michoacana a pedir raid.
Recuerdo perfectamente cuando una vez pasó un camión blanco de redilas y le pedimos raid. El chofer se paró y nos gritó «¡Súbanse!»
Había llevado vacas. Así que nos fuimos en un camión lleno de mierda y de puntitas para no pisar parejo.
Aun me recuerdo ahí, tomado de las redilas con el viento en el rostro, en la oscura noche rumbo a Oxcutzcab en tal vez una noche fresca de verano. Miguel con las 2 manos se agarraba el pelo «…voy a despeinarme»
A veces éramos 2, a veces cinco, a veces 10 o tal vez más.
¿Qué año era? Tal vez 1988. Empecé a ir en 1984 cuando estudiaba segundo de prepa y tendría 14 años. La última vez que fui fue en agosto 1994. No puedo creer ¡fueron 10 años!
Si a algún lugar le debo algo en mi vida, es a este lugar. 10 años de fiestas y de ver salir el sol.
Durante esos 10 años religiosamente creo asistimos a todos las fiestas de 15 años, la consigna era «no me dijeron que no vaya». Sabíamos como entrar, eramos todos unos expertos. Algunas veces creo nos fuimos a quejar con la quinceañera quesque por que “no habían dejado entrar a alguien”
Claro está, nó nos habían invitado.
El fín de semana pasado Miguel me recordaba la vez que acaparamos las aguas de toda la fiesta y el papá de la quinceañera nos fué a pedir un agua. Aaay, me moría de risa.
Ese día a Rangel nos los llevamos como trapeador.
— ¿cuantas botellas ya tomamos Rangel?
— maaare —mirando abajo de la mesa— creo que un chingo…
— Rangel, Rangel…
— No responde, creo que ya está pedo.
Fueron los primeros bailes.
aunque alguna vez habrá que explicar la teoría de bailar en línea.
Se lo que es regresar a la 1 de la mañana, corriendo, cantando y empujando un coche por todo el camino de regreso por 16 kilómetros. Nada que un cartón y mil bromas a las 4 de la mañana no pudieran derrotar. Ese día no sé por qué motivo no le pusimos gasolina al auto (no le pusimos, kimosabi) a las 4 de la mañana no hay gasolineras.
Gracias a eso es una de esas grandes madrugadas que mejor recuerdo.
Habrá que hacerle un monumento al “mango”.
Hará unas 3 semanas finalmente he paseado de nuevo por sus calles un poco. Están llenas de recuerdos.
