Abril 2007


Me siento un poco raro en el trabajo, y es que hoy cuando mi pequeño me pidió acompañarme hoy el día del niño no me pude negar.

Mientras hablo por teléfono el camina despacito o se me acerca y me habla en el oído.

En la mesa que está enfrente se ha entretenido bastante siguiendo las instrucciones para armar el pequeño castillo. Ahora ya que descubrió el pequeño cañón, en silencio lo ha disparado contra cuanta silla se le pone enfrente. Se mete bajo las mesas buscando la bala imantada perdida en el disparo.

Me pregunto que recordará de aquí cuando sea grande.

De cuando en cuando todos pensamos alguna vez si vamos por el camino correcto, o si nos gusta lo que estamos haciendo o si lo estamos disfrutando. Hoy por la mañana recibí un correo con una liga hacía este video. En el titulo rezaba algo acerca de “Steve Jobs”. Pensé en borrarlo inmediatamente ya que este mundo de sistemas a cada rato nos atiborran de videos y textos de “Bill Gates” y compadres que se le parecen.

Creo este discurso de Steve Job en Stanford muestra como atrás de estos legendarios hombres se esconden historias dificiles de imaginar. Más dificil imaginar es que se atrevieran a compartirlas.

Como no se como poner (es más, no se si se pueda) un video de “google video” en WordPress, hé recurrido a YouTube. Ahí me enteré que el video es “Legendario”, y también que me enteré que ha sido editado, ya hasta le metieron publicidad al inicio y al final.

Aprovechados diría yo…


El video en YouTube está dividido en 2 partes, aunque se puede ver sin cortes.

-¿Papá juegas conmigo?

-¿A qué pequeño?– pregunté aún sabiendo que la respuesta se extendía por todo el piso ante mí.

Un pequeño ejercito estaba acomodado en todo el piso. Había soldaditos verdes, cafés, beige, uno que otro indio, algún vaquero y un solo guerrero de armadura y maza .

-¿me ayudas a hacer una cárcel?-me dijo.

-mejor hacemos un cuartel general…

Le dije que a un lado de los escalones era un lugar perfecto para hacer un cuartel general. Poco a poco, con palitos y plastilina, creamos un pequeño techo. No aguantó mucho y se derrumbó.

-vamos a buscar horquetas-le dije

-¿horquetas?¿qué son horquetas?

-Son unos palitos en forma de Y griega.

Así que me puse a buscar en el patio algún palito que tuviera forma de horqueta.

-¿ves?

-¡ah, ya entiendo!

Puse los palitos pero no aguantaron mucho, sobretodo debido a un King-Kong en pañales rondaba cerca. Me puse a buscar unas más grandes y pensé que era mejor enterrarlas en la tierra. Como la tierra no se veía tuve que quitar el zacate que crecía en esa parte, así que saque el machete y lo recorté un poco, le quité las piedritas y me dispuse a construir el cuartel general. Enterré las famosas horquetas en el piso y le enseñe como las horquetas podían soportar un techo.

Recordé que cuando era pequeño mi Papá me enseño a construir una trampa para aves pequeñas con puros palitos. Mi hijo tendría 4 años cuando mi primer intento de mostrarle como funcionaba la trampa que mi padre me enseño fracasó. Vengo cayendo en la cuenta que tal ves era demasiado pequeño. Tal vez sea hora de mostrarle de nuevo pensaba.

Así que entre los dos, de ramita y ramita quedó el cuartel general, también un pequeño puesto de vigilancia hecho con plastilina y palitos de paleta. Cuando todo hubo terminado lo llenamos con soldaditos.

-Listo ¿y ahora qué?-le pregunté

-ahora vamos a jugar a las batallas.

-¿cómo les disparo?

-con piedras.

Así que agarramos a pedradas todo pero la batalla no pudo durar muchos minutos. Todo quedó destruido.

Je,je,je…pasamos un buen rato :)

Hábitos, una de las cosas que definen al hombre y a veces lo explican. Creo no tener muchos hábitos. Tal vez los tengo y vivo con ellos tanto que me ha costado trabajo.

Mmmm, comenzemos

1.-Uñas, no soporto tenerlas largas. 5 días sin cortarlas es algo que me preocupa y exaspera. Así que a cada rato me corto las uñas.

2.-Para dormir tengo que silenciar todo. Absolutamente todo. Todo debe estar sin ruidos y en silencio. Aunque tengo que reconocer que con mis pequeños muchas veces este hábito lo he tenido que mandar por un tubo.

3.-Desde hace muchos años los periódicos los leo de atrás hacía adelante. También por lo general cualquier cosa que no sea una novela.

4.-Ciertas frutas y verduras las reviso una y otra vez antes de comérmelas. Sobre todo los mangos. Tiene que ser un mango perfecto para pasar la prueba. Como quiera a veces me como solo 1 o 2 mangos al año. El año pasado que compramos brócoli, al enjuagarlo y cortarlo (y estaba perfecto) encontré un pequeño gusanito que resistió seguramente a los fuertes pesticidas que hoy se usan…hace un año que no compramos brócoli.

5.-Para escribir una carta tiene que ser con tinta negra. No puede ser con azul ni otro, tiene que ser negra. Al escribirla hago un borrador, y la copio, y la vuelvo a copiar hasta que quede completamente satisfecho. Las líneas tienen que estár derechas. Tal ves a eso se deba que mi última carta mejor la haya hecho en word y luego la imprimí.

Seguramente hay más, tal ves solo sea difícil aceptarlos

Acabo de enviar un correo. No sería nada extraordinario si no fuera por que la mandé por correo. Si, ese correo en el que un señor montado en bicicleta reparte de casa en casa. Me ha costado demasiado trabajo.

Me ha costado escribirla de mi puño y letra. Las cartas me las he imaginado siempre sobre papel blanco perfectamente limpio y recortado, de hoja gruesa y escritas con una muy buena tita negra. Me he dado la vuelta hasta la papelería para conseguir esto pero derrotado por los años de constumbre la he escrito en la computadora, revisado en “word” e impreso en una laser.

Creo solamente he rotulado el sobre con mi propia mano y he añadido algunas palabras al reverso de la carta.

Enviarla es todo un problema ¿dónde demonios consigo estampillas? ¿En el correo? El único correo que conozco está en el mero centro de Monterrey, en un lugar donde es una bronca estacionarse. Ok, consigo las estampillas ¿y en que buzón? Los buzones que conozco están todos destrozados, pintarrajeados y llenos de basura.

Ni modo, me he tenido que dar la vuelta hasta la oficina de correo y enfrentarme a un franelero, de esos que dominan las calles y amenazan con cuidarte el auto.

Es raro entrar ahí y saber que existen todavía. Mientras hacía fila en la ventanilla pensaba si le hacía caso al anuncio que anunciaba la serie filatélica de estampillas acerca del “chavo del ocho” pero las estampillas las dejé hace 15 años. Creo que mi colección todavía debe de andar por ahí en la casa.

Me cobraron 7 pesos y con prisas la he dejado en el buzón. Como si mis prisas al hecharla aceleraran el proceso del envío.

Cuando era niño muchas veces fui al correo a depositar las cartas que mi Papá enviaba. Así que me sé perfectamente el sabor a goma que dejan las estampillas en la lengua…siguen sabiendo igual.

Cuando era adolescente de maldad íbamos al correo a recoger esas listas de ventas de libros por correo, hacíamos una petición de 10 o 15 libros sobre temas chuscos a nombre del amigo que en ese momento no estaba. Vivíamos muertos de la risa por un mes con tan solo imaginarnos la cara del papá del amigo al recibir la noticia de que varios libros a nombre de su hijo esperaban a ser recogidos, mas aún cuando la lista incluía títulos como “aprenda a ser la amante perfecta”,”como conquistar el hombre sus sueños”…..como nos hemos divertido… :D

Las preguntas en este momento espero hayan comenzado su largo viaje. No sé aun cual será la respuesta. La esperaré con ansia. Por lo pronto mientras busco empiezo a comprender que estoy escarbando en la historia y que no sé si encontraré lo que busco. Por encimita las cosas que he encontrado son interesantes, la pregunta es si tendré el coraje y la paciencia para escarbar hasta el final.

Por la tarde hemos recorrido un poco el lugar. Visitamos Nautla y me atreví a visitar Xicaltepec o Jicaltepec, pequeño pueblito a la orilla del río. La carretera parte desde Nautla y es un hermoso camino en un día soleado. No recuerdo jamás haber transitado por este camino.

No entiendo por que el cambio de nombre, cuando vivía por estos rumbos los letreros lo escribían con “J” y ahora me lo encuentro con “X”. Me sorprendió ver que había una carretera hacía ella.

He de haber visitado este pequeño pueblito 1 o 2 veces. Solo que yo recuerdo que para visitarlo cruzábamos en lancha desde San Rafael. Si algún pueblito debiera ser mágico sería este. Sus casas de teja roja son preciosas. Pero todo esto ha caído en el abandono. Lucen puertas cerradas y ventanas abiertas. Sus buhardillas oscuras denuncian la soledad.

Ya no está la gente que las habitaba y son muy pocas las familias que habitan. Dos siglos de historia duermen aquí.

Por casualidad visitamos el cementerio. Fue fascinante recorrer sus tumbas. Tratar de encontrar nombres y conocidos. Algunas tumbas era extremandamente antiguas. Había una de 1860, que seguramente fue de algún primer habitante de estos lares. De los que llegaron en 1833. Varias de ellas en la parte más antigua han perdido ya sus palabras y no se puede ver de quién son. Sobre alguna de ellas descansa un florero formado por una jarra de porcelana, extraída tal vez de alguna antigua vajilla europea.

En medio de ellas una gran mata de chaca se incendiaba. Era algo extraño ver ese grán arbol con un gran hueco en lo alto de ella despidiendo calor y crepitando. La tarde era extraña y oscura. Tan solo un solitario viejito fiel a su diaria visita hecha a su esposa fallecida se encontraba en el lugar.

Algunas lapidas con sus textos en francés evidenciaban que aún lejos de su tierra nunca renunciaron a olvidar su hogar. Las historias perdidas que había en este cementerio eran muchas, aunque algunas de ellas se han recuperado.

Mi mamá me explicó que íbamos en lancha por que San Rafael estaba en la orilla contraria del río y que esta carretera siempre había existido.

Esa noche me costó trabajo conciliar el sueño. No he podido dejar de pensar en las historias perdidas. Me prometí visitar mañana la tumba del abuelo y bisabuelo en Mentidero.

Anoche a la 1 de la mañana llegamos de nuestro pesado viaje. Hemos ido de visita a Veracruz. Salimos el jueves por muy temprano. Por la tarde habíamos llegado a nuestro destino. El viaje fue sin contratiempos. La parte más pesada siempre ha sido el tramo Tampico-Tuxpan, lleno de traileres que con su pesada carga y su andar lento desesperan a cualquiera. Para las 3:40 de la tarde cruzábamos el puente de Tecolutla. Unos minutos más y la costa apareció.

Recuerdo cuando mi pequeño tenía 2 años, las primeras veces la playa le daba temor, ahora ya más grande no. Desesperado de tantas horas de camino pedía playa así que hicimos un alto en Montegordo para estirar las piernas y el para bañarse. Fue agradable ver su sonrisa.

El Viernes temprano fuimos a la playa. Qué playas tan diferentes de color oscuro. Pequeñitas manos tenía un poco de miedo y se resistía un poco. Le daban miedo las olas que cubrían sus pies. Corría como loca para deshacerse de ellas. Pero cuando hicimos un hoyo en la arena que llenamos con agua ¡como se divirtió! Jugaba con la arena en sus pequeñas manos, jugaba con el agua que las olas llevaban hasta su refugio.

Su hermano no se cansó de jugar en el agua y de saltar en las olas. Las olas eran bastante altas y era pesado estar en ellas. Pero nada que no pudiera detener a un niño.

Desconozco el motivo por el que después de tantos años mi mente no olvida el camino. A mi lado izquierdo está el faro donde varias veces pesqué con mi Papá. Un poco más adelante el camino de piedras que llevaba a casa.

La primera vez en 16 años que regresé mi tío me advirtió con sus sabias palabras:

Es mejor que no sigas adelante, es mejor que conserves en tu mente tus recuerdos de niño.

Tenía razón, fue muy duro destruir esa imagen.

La casa era parecida estaEl frente de la casa era hermoso. Tenía arriates de zacate verde pulcramente cortado, estaba lleno de flores y de pequeñas palmas. La casa era azul, de madera y de techo rojo de teja. Se podía oler a la distancia el humo que despedía la cocina que por la parte de atrás de la casa existía, esa cocina donde la abuela cocinaba las gallinas que le ayudaba a atrapar.

Estaba llena de algo que por más que cierro los ojos no alcanzo a comprender. Tal vez era alegría. La alegría de mis hermanas que jugaban conmigo.

Hoy de esto no queda nada. El techo de teja ha sido sustituido por otro. El frente está sucio y desarreglado. Tan solo sobreviven por ahí una pequeña palma delgadita y un pino perdido. Mientras camino puedo reconocer todavía algunas paredes y puertas.

El sábado por la tarde caminé hasta el fondo de los platanares atrás de la casa que el abuelo sembró. Han pasado tal vez 32 años desde que los recorrí. Era tan solo un pequeño cuando jugaba entre estas matas de plátano.

Me sorprendió el silencio en ellos. Su soledad.

Mientras camino llevo en la mente las revelaciones hechas el día anterior por Valentín, un gran amigo de la familia, de toda la vida.

Me contó de cómo él todos los días a las 6 de la mañana iba por la leche.

Antes no existía la leche en polvo y tomabas leche de vaca. Cuando Geibith nació tu abuelo brincaba de alegría, pero cuando tu naciste tu abuelo se volvió loco.

Me contó acerca de un trenecito negro de pilas que todavía recuerdo.

De los primeros juguetes que existieron en La Poza.

Del final de la jornada del día.

-Todos los días iba por el puro del Abuelo y un litro de aguardiente, que el abuelo se tomaba con todos los trabajadores.

Me reveló de primera mano como este prometedor rancho, cuyo nombre se ha perdido en el tiempo, en 1975 se fue al cuerno. Me recordó su muerte 2 años después.

Disputas entre hermanos.

Me doy cuenta que varios de gustos vienen de el: tomar de cuando en cuando una copa al final del día, mi gusto por las navajas que tomaba de sus manos, mi gusto por las cajitas de madera de los puros.

Me doy cuenta y pienso en lo impresionante que el abuelo 30 años después siga dominando nuestras vidas, las de toda la familia. Las de muchos conocidos.

Mientras camino entre silencio del platanar no dejo de pensar, de tratar de recordar tan siquiera su rostro, tal vez algún abrazo y sus sonrisas para conmigo. De recordar el atardecer en la playa cuando jugaba en la arena mientras el pescaba. Quisiera verlo caminar conmigo entre estas matas de plátano, verlo descansar sobre el brocal del pozo a un lado de las gigantescas matas de aguacate. Verlo caminar desde la casa con su puro entre los dientes y el machete en la cintura.

Será algún día, lo sé. Mientras tanto descansa abuelo, descansa en paz.