Marzo 2007


Son las 10 de la noche y todavía puedo sentir el olor a pólvora. Ha sido un buen fin de semana. Un poco cansado tal vez.

Por primera vez en el año me he puesto los guantes, sacado la cortadora, el machete, la coa, el pico, el rastrillo y la carretilla. Tal vez lo único que he ha cambiado es que este año me compré un par de botas de hule. No se por qué no se me había ocurrido antes. Durante 3 meses prácticamente no toqué el patio y las partes que en noviembre había dejado libres de hierba estaban llenas de una matas creo se llaman lechuguillas. Aunque por el tamaño más bien parecían lechugotas.

La parte de enfrente tiene un zacate más fino y fácil de cortar. Aunque la parte de en medio se ha llenado de unas matas gigantes. Al principio esto parecía potrero pero veo con agrado que este año después todo del trabajo del año pasado será más fácil. Las matas son pequeñas y creo en unos 4 fines de semana debe de quedar todo. Las botas me han ayudado por que ahora puedo trabajar con más confianza sin que la tierra me entre a los zapatos.

Pequeñitas manos ha participado con entusiasmo, se la ha pasado pisando bichitos y corriendo para todos lados. Mi pequeño se la ha pasado jugando con la coa cortando matitas.

A veces me pregunto por que hago esto ¿por que no demonios mejor le pago a alguien para que en un abrir y cerrar de ojos deje esto impecable? Las razones son muchas, la primera de ellas es que me distraigo como nunca, los problemas desaparecen y me olvido de todo, el stress deja de existir. Hago ejercicio: este fin de semana tal vez haya bajado 1 kilo o 2. Pasamos en familia un buen rato y convivimos.

De premio al final hemos preparado una carne asada. Es agradable salir de la casa y cocinar fuera de ella. Aunque soy malo para encender el fuego, me falta práctica. Esta vez incluso el método de “por la fuerza bruta” me falló. Eso quiere decir que cuando estaba hasta la madre después de “n” intentos le puse un poco de gasolina. Con toda la sapiencia me debería acordar que la gasolina se consume tan rápido que no puede encender el carbón. El método por la fuerza bruta 2 funcionó mejor, como teníamos un chingo de zacate seco se lo puse todo encima y ¡fuego! Ardió por que ardió.

Por la noche hemos ido a una pequeña feriecita en la iglesia de San José del Uro la cual celebraba los festejos de su santo patrono. Cuando llegamos en la calle de enfrente se había armado el bailongo. Había juegos mecánicos y todo estaba bastante lleno. Mi pequeño se emocionaba sacando ranitas del agua. Pequeñitas manos se entusiasmaba bastante al subirse a los juegos mecánicos

¡Rayos! ¿por qué no pusieron caballitos?

En eso estábamos cuando a mis espaldas escuché un sonido conocido: ¡fuuuuu! El sonido de un volador o cohete. Un señor los estaba encendiendo a 3 metros a mis espaldas. Uno tras otro ¡Boooooom! Explotaban en el cielo. 15 minutos más tarde apagaron todas las luces y encendieron el castillo, subí a mi pequeño a los hombros para que viera mejor. Poco a poco se fue encendiendo y las luces de colores y el humo salían con una velocidad impresionante. Mi pequeño gritaba emocionado, pequeñitas manos un poco asustada se aferraba a los brazos de su madre. Luego vinieron las luces que estallan en el cielo, esas no sé como se llaman. Explotaban el cielo llenando todo de luz y alegría. No todo salió bien. Una de ellas no se levanto los 100 o 200 que debía, si no que al salir inmediatamente cayó sobre la iglesia y el estallido de luces fue en el suelo. El susto que habrán pasado las personas que estaban ahí en el atrio.

Fueron unos bellos momentos. En los años que llevo en Monterrey nunca había visto esto. Tenía la sensación de estas pequeñas ferias no existían aquí en esta cada vez más grande y moderna ciudad.

Debo tal vez deba corregir ya que el 12 de diciembre se celebra en grande. Simplemente necesitaba esto. Sentirme fuera de la ciudad, sentir que estaba en un pequeño pueblo, sentir que puedo saludar y que conozco a todas las personas ahí, sentir esa algarabía a mi alrededor.

Es de noche ya, las piernas y el cuerpo me duele. Mis manos tienen pequeñas ampollas. Hoy podré dormir bien, ha sido un buen fin de semana.

Poco a poco los días son más largos y la temperatura por un pequeño lapso de tiempo vuelve a ser agradable. Aprovechando esto he cambiando los zapatos por unos cómodos tenis y pantalones cortos. Se antoja estar afuera para caminar y disfrutar la noche. No he ido solo, pequeñitas manos me ha acompañado. Ahora es toda una niña vivaracha llena de sonrisas y alegría, su caminar se ha vuelto mucho mas seguro y es que ahora cuenta con año y medio.

Vivir fuera de la ciudad tiene sus ventajas, no hay vehículos que te apresuren y que atesten las calles, todo está solitario, solamente algunos faroles alumbran aquí y allá de manera débil el camino. Mientras caminamos, ella se detiene al ver un perro, parece que le gustan mucho y les hace fiesta, el perro es pequeñito y no hay problema.

Los perros me preocupan mucho sobre todo los que he visto andar sueltos a veces por el vecindario mientras regreso del trabajo: Rottweiler, un doberman y un pastor alemán. Hace años mientras caminaba solo por el rumbo, 3 perros, uno de cada uno se me lanzaron encima. Afortunadamente mantuve la calma y me retiré en paz pero desde entonces mis paseos siempre llevan preocupación, hoy más que nunca mientras mi pequeña me acompaña.

Caminamos poco a poco y despacio. Jugamos a encontrar las estrellas y aprovecho para hacerle cosquillas en el cuello cuando ella levanta el rostro hacía cielo.

La calle es oscura y grandes árboles proyectan sus sombras. Esto me hace recordar mis temores a la oscuridad cuando era niño. Corría a mas no poder hasta llegar a casa.

Hoy puedo entender esos temores: las sombras son las mismas, la oscuridad y el silencio es el mismo, las figuras que forman los árboles desgajados a la vera del camino son realmente tétricas. De repente siento que en el fondo de mí, ahí, escondidos por alguna parte todavía subsisten esos temores. Tal vez mis problemas de adulto hayan hecho que pasen a segundo termino de tal forma que puedo caminar despacio y en silencio.

Mientras camino un niño se acerca corriendo a lo lejos a toda prisa con una bolsa en mano, no puedo distinguir su rostro, solo su silueta. La oscuridad es absoluta en un tramo de 100 metros.

Mientras tanto sonrío y esto me hace recordar aún más mi infancia.

Newspaper cart in San Miguel de AllendeÚltimamente he notado que evito escuchar las noticias. Me fastidia estar al pendiente de ellas. Tal vez haya sido el pesado año electoral pasado que tuvimos. Prefiero manejar escuchando música. Lo mismo pasa con los periódicos, prácticamente he reducido su lectura a exclusivamente los domingos y evito todas las notas que tengan que ver con política. Para que leer que el PRI dijo esto, que el PRD se opuso a lo otro y que el PAN tenía conflictos con alguien.

Vengo cayendo en la cuenta que son exactamente las mismas noticias las que nos han embadurnado la cara en estos últimos años. ¿Qué ha cambiado? Nada ¿Ha habido un avance? No ¿Se quejan de las mismas cosas? Sí.

Ya sé que las noticias incluyen: “más muertos en Irak”,”EUA amenaza con bombardear a Timbuctú”,”4 policías muertos por allá”, “Otro ejecutado más en lo que va del año”,”Sujeto alcoholizado vuelca y mata a familia”. Las noticias no cambian, son las mismas, con diferentes nombres y apellidos pero son las mismas.

Tal vez esto quiera decir que de tanto bombardeo noticioso simplemente las noticias me valen madre. Si a mi me valen madre seguramente habrá mucha más gente como yo ahí afuera que estará en la misma situación.

Es tanta la desidia que honestamente me ha llamado muchísimo más la atención los millones de arbolitos que sembrarán ( aunque no sepan como ) que los cientos de ejecutados en el país por el narcotráfico. De los políticos, ni siquiera vale la pena hablar de ellos.

Dentista

Mi pequeño ha tenido estas últimas semanas que pasar por el dentista. El día que le extrajeron su muela lloró bastante. Lloraba y lloraba, estaba asustado. Al llegar a casa nos pusimos a jugar en la consola, esto lo entretuvo un rato e hizo se le olvidara el dolor. Por la noche me acerque a su lado mientras el recostado en la cama esperaba a dormirse.

Fuiste muy valiente el día de hoyle dije
¿estas seguro?
si pequeño, fuiste muy valiente.

Me quedé en silencio a su lado mientras acariciaba su pelo varias veces, tal ves el necesitaba palabras de aliento.