Cuando tenia 21 años y cursaba el último semestre de la carrera de Ingeniería Electrónica un Banco publicó una oferta de trabajo. La oferta sonaba bien, buenas prestaciones, buen sueldo y auto.
Así prácticamente todos mis compañeros aplicaron para el puesto. Hubo entrevistas, infinidad de exámenes y al final del proceso el puesto se lo dieron a un gran amigo mío: uno de los más borrachos del salón, de promedio de calificaciones no tan bueno, con retraso en su carrera de 2 semestres, que no siempre iba a clases y no recuerdo que más.
Toda una joya.
Esto por supuesto le dolió a la mayoría, así qué uno de mis compañeros, el más inteligente del salón, el que era toda una eminencia pidió una entrevista con la persona que dirigió el proceso para reclamarle el no estar de acuerdo con la decisión.
-Considero que yo tengo mejores calificaciones y no comprendo por qué la decisión-dijo mi compañero
-Mira, efectivamente en los exámenes de conocimiento tu fuiste el más alto. A mi me queda claro que el día que los enlaces telefónicos del banco no funcionen tu te vas a meter y vas a buscar a fondo. Estarás ahí todo el día y toda la noche hasta encontrar la solución. Estoy seguro que al día siguiente o a la semana siguiente me darás razón de que fue lo que pasó con lujo de detalle.
-¿entonces?
-Tu compañero le va a invitar unas caguamas al técnico de teléfonos, el día que el enlace falle en media hora los voy a tener aquí y a lo mucho en una hora el problema quedará resuelto.Y yó lo que necesito es que el banco opere.
Esto ha sido uno de los eventos que mas me ha marcado en mi vida. Tener un IQ arriba del promedio no siempre es una bendición, a veces en la vida se requiere otro tipo de inteligencia.
Creo ahí fue cuando empecé a tener conflictos con mi cerebro.
