Diciembre 2006


Ya falta poco. Tan solo unos días más. Por lo pronto, el auto está listo y revisado para nuestro largo viaje: 2000 kilómetros de ida y 2000 kilómetros de vuelta. Recorreremos de norte a sur a nuestro país. Esta será la cuarta vez que realizamos.

Fue hace 10 años que descubrí este maravilloso viaje. Recién estrenaba auto. Con la emoción del auto y agobiado por la idea de pasarme una navidad en completa soledad, una fría madrugada de diciembre me subí al auto y sin tener idea de que carreteras tomar, pero si del destino, me lance a mi aventura.

Manejar 2000 kilómetros solo no era problema, mi copiloto, un conejito de peluche con el cinturón de seguridad puesto me acompaño de principio a fin :D . Pero no de regreso.

Con un año en Nuevo León, no conocía gran cosa, en cosa de una hora llegaría a Linares, que al llegar a Nuevo León pensaba que era el nombre de un grupo musical. Pude comprobar con asombro que vendían dulces de cajeta hasta debajo de las piedras :D . Así que me surtí de muchas glorias o dulces de leche para mi destino.

Seguía Tamaulipas con la “Cuesta de Llera”, sus múltiples curvas, la neblina y sus cerros. Fue muy difícil, no existía en aquel entonces la actual carretera. Curvas y mas curvas, manejar atrás de otros autos con la imposibilidad de rebasar durante horas me exasperó. Pero como siempre, todo tiene un final.

Después de unas horas pude llegar a Tampico, la cuarta ciudad que me ha adoptado, donde pude estirar las piernas y desayune de forma ligera.

De ahí en adelante era un mundo desconocido, Veracruz no lo había pisado en 15 años y los recuerdos que tenía eran los de un niño. Desde lo alto del gigante puente que cruza el río Panuco pude ver a lo lejos el largo camino que me esperaba.

Ha hecho demasiado frío que ni he querido acordarme de nuestro patio. Nada mas de pensar que tengo que sacar la cortadora, ponerme los guantes y salir al patio a 3 o 4 grados durante 2 horas me desanima. Así que la hierba ha crecido un poco y los árboles tal parecieran que están secos.

Aquellos extraños sonidos que escuchaba al amanecer tal parece que se han ido, tampoco hay mariposas ni ave que emita canto alguno. El mundo se ha vestido de gris.

Me preocupa escuchar en las noticias que este año será el más frío de los últimos años.

Mi peque permanece en casa con la prohibición expresa de salir. Su mundo se vuelve más pesado. La ordenes y preguntas lo atosigan todo el día. Ponte zapatos, no camines descalzo, ¿Dónde dejaste las pantuflas?¿La chaqueta, dónde dejaste la chaqueta?

Hoy mientras esperaba dentro del auto he visto un hombre tiritar de frío. Su único abrigo era una bolsa de plástico negra que llevaba alrededor del cuerpo. No me he atrevido a quitarme la ropa para dársela a el. Mientras manejo, veo otras personas así. Hombres y mujeres con años encima anhelando calor.

Da más coraje leer el periódico. Pueblitos llenos de miseria con familias enteras sin sueños ni posibilidades. Niños y niñas que no tienen abrigo o zapatos. Nuevo León, el cuerno de la abundancia de México les ha negado todo, incluso su existencia.

Mientras tanto se ha hecho de noche y no puedo dejar de preguntarme: ¿Qué he hecho en mi vida para aliviar el sufrimiento?¿Qué he hecho?

Este fin de semana pequeñitas manos hizo una travesura. Sus pasos poco a poco se hacen más firmes, pero ya recorre la casa de un lado a otro. Mientras camina explora con sus manitas cualquier objeto que le parezca interesante. Descubrió al alcance de su mano un pequeñito bote de “sangre artificial” que en un descuido dejamos al alcance de sus manos. La botellita es lo que quedó de un disfraz de Vampiro utilizado en pasadas fechas durante el Halloween.

Así que pequeñitas manos en 15 minutos, la pudo abrir, derramo el contenido en el piso y jugó con ella. Se embarró la cara, los brazos, el pelo, las manos, el pecho, la ropa, los zapatos y las piernas.

Afortunadamente era una mala imitación de sangre, ¿qué hubiese pasado de no ser así? Me hubiese dado un infarto.

Pintada de un rojo intenso, cubierta de pies a cabeza, celebró su travesura con una sonrisa de oreja a oreja y una inmensa alegría en los ojos ( que era lo que se podía distinguir de su cara, eso y sus 4 dientes blancos ). Qué puedo decir, nos hemos reído a carcajadas. Pequeñitas manos ha celebrado con nosotros.

En el primer baño el agua quedó roja roja. En el segundo el agua quedo de un color rosa. Pequeñitas manos se baño 3 veces hasta que el color rojo desapareció. En el primer baño nos hemos reido, en el segundo nos hemos vuelto a reir y en el tercero la hemos llenado de abrazos.

Fue una linda travesura y además un enorme descuido nuestro. Así que hemos recorrido la casa de nuevo localizando cualquier cosa que pudiese representar un peligro.

Diciembre, ese mes tan diferente lleno de esperanza y alegría. Tal parece que la gente cambia, que el mundo cambia, que los niños cambian.

La ramaDe pequeños esperábamos con ansia estas fechas, eran especiales. Salíamos a cantar la rama por la noche de casa en casa. No recuerdo como comenzaba todo, pero apenas al llegar la noche estábamos listos cada quién con una vela en la mano, alguien más aportaba una virgen y el más vivo la alcancía.

Caminábamos 5 o 6 niños solos en la noche, en medio de la oscuridad y alumbrados por la débil llama de nuestras velas. La cera derretida caía sobre nuestras manos, era demasiado caliente pero la mera verdad es que a ningún niño le importaba. Era un caminar lleno de alegría.

Una bella pastorcita, que camina por el bosque…

Al llegar a la puertas de las casas nos apretujábamos sobre la puerta o las rejas y cantábamos con toda nuestra fuerza

Me paro en la puerta, me quito el sombrero,

por que en esta casa vive un caballero,

Vive un caballero, viven un general que nos dio permiso para comenzar.

Así comenzaba la primera estrofa de aquella canción que todavía recuerdo. A veces nos daban una moneda que las personas depositaban en nuestra alcancía, otras veces no.

“Ya se va la virgen muy agradecida…” o “ya se va la virgen con patas de alambre”

Como siempre, la imaginación infantil tenía canciones para aquellas casas donde no recibíamos nada a cambio.

Cantábamos una y otra vez, todos los días, cada noche.

Es por eso que me gusta caminar en diciembre por las calles y ver las luces que llenan las casas y sentir el frío.