Ya falta poco. Tan solo unos días más. Por lo pronto, el auto está listo y revisado para nuestro largo viaje: 2000 kilómetros de ida y 2000 kilómetros de vuelta. Recorreremos de norte a sur a nuestro país. Esta será la cuarta vez que realizamos.
Fue hace 10 años que descubrí este maravilloso viaje. Recién estrenaba auto. Con la emoción del auto y agobiado por la idea de pasarme una navidad en completa soledad, una fría madrugada de diciembre me subí al auto y sin tener idea de que carreteras tomar, pero si del destino, me lance a mi aventura.
Manejar 2000 kilómetros solo no era problema, mi copiloto, un conejito de peluche con el cinturón de seguridad puesto me acompaño de principio a fin
. Pero no de regreso.
Con un año en Nuevo León, no conocía gran cosa, en cosa de una hora llegaría a Linares, que al llegar a Nuevo León pensaba que era el nombre de un grupo musical. Pude comprobar con asombro que vendían dulces de cajeta hasta debajo de las piedras
. Así que me surtí de muchas glorias o dulces de leche para mi destino.
Seguía Tamaulipas con la “Cuesta de Llera”, sus múltiples curvas, la neblina y sus cerros. Fue muy difícil, no existía en aquel entonces la actual carretera. Curvas y mas curvas, manejar atrás de otros autos con la imposibilidad de rebasar durante horas me exasperó. Pero como siempre, todo tiene un final.
Después de unas horas pude llegar a Tampico, la cuarta ciudad que me ha adoptado, donde pude estirar las piernas y desayune de forma ligera.
De ahí en adelante era un mundo desconocido, Veracruz no lo había pisado en 15 años y los recuerdos que tenía eran los de un niño. Desde lo alto del gigante puente que cruza el río Panuco pude ver a lo lejos el largo camino que me esperaba.

