Septiembre 2006


   

Cada sábado sin falta, tal vez a las 4 o 5 de la mañana, mientras aún la luna brillaba nos levantábamos. Me montaba en la parte trasera de la bicicleta, sobre la parrilla, casi dormido. Mi Papa pedaleaba hasta casa de mi Abuelita a 5 o 6 cuadras de la casa. Todavía puedo sentir el silencio de las calles, el ladrar de los perros.

Mi Abuelita sin falta ya se había levantado, nos sentábamos al lado del fuego recién encendido y tomábamos café en una jícara, a veces con un pan a veces con una tortilla recalentada.Tenía que recoger mi machete colocado el fin de semana anterior entre los bajareques de la cocina. Llenaba de agua fresca la garrafa que nos acompañaría durante el día.De casa de mi Abuelita caminábamos todavía más, tal vez 6 o 7 cuadras, esta vez ya sobre la tierra roja de las calles sin pavimentar hasta llegar al inicio del cerro.La neblina lo cubría todo.Todavía recuerdo, cada paso, el fresco frío de la mañana, el sonido de mi respiración. Tendría 10 u 11 años. En mi morral cargaba la torta que Mamá me había preparado antes de salir de casa. Sobre mi cuello: mi resortera. De hule azul y madera perfecta.Subíamos poco a poco. Las luz era tenue. Apenas se podía ver a través de los árboles. Mis pies resbalaban sobre las piedras cubiertas de humedad. Aquí y allá aparecían pequeñas certenejas llenas de agua a las que prestaba mucha atención. A veces las revisaba una por una con el afán de encontrar una tortuguita.En lo alto del primer cerro se encontraba la cruz donde religiosamente depositaba las piedritas que había recogido por el camino como me había enseñado mi Padre. A cambio de la ofrenda se pediría descanso.Cruzando el primer cerro de repente el paisaje se transformaba. La vereda era de tierra. Sobre ella se veía muchas huellas:-Por aquí paso un venado – decía mi Papa.-Una culebra, ten cuidado - decía a veces.-Una codorniz.La caminata duraba media hora hasta llegar a la Milpa. Nuestra milpa. La tierra estaba húmeda, todo lo que pisábamos estaba húmedo. Las hierbas altas llenas de humedad me daban miedo.A esa hora, la neblina empezaba a desaparecer y los rayos del sol tímidamente cubrían la tierra. Comenzaba nuestra jornada de trabajo.

Hoy, después de casi 40 años al fin tengo una Biblia en mis manos. Mía. Ahora puedo leer un poco, encontrar palabras de aliento, reflexionar, reforzar mi fe y esperanza.

Siempre había tenido la idea de que las Biblias no se compran, si no que se regalan. En vano esperé toda la vida y hoy cansado de esperar tengo la mía. La he comprado.

La hojee muchas veces y leí la creación. Me asombró bastante el hecho de que la Biblia primero establece en las primeras líneas la definición de día para que a partir de ahí relate la creación del mundo.

Ahora puedo yá ocupar ese pequeño gran espacio en mi biblioteca.

Anoche estuve estudiando con mi pequeño sus primeras lecciones. Después de abrir el libro, tuve que repasar algunas de esas frases tan famosas que millones de personas conocen:

  • Mi mama me mima
  • Ese oso es mio
  • Esa es susu.

No solamente vinieron a mi mente los recuerdos olvidados en el fondo de mi edad acerca de las primeras letras y la primaria, si no también la inseguridad, la frustración de no poder captarlo todo a la primera. Aparecieron las repeticiones, la plana tras plana en la libreta, las correcciones del trazo, la inseguridad, a veces la frustración y también los malditos dictados.

Qué dificiles son esos años. Con obligaciones que inician para nunca desaparecer. Levantarse tempranito, vestirse, desayunar, caminar a la escuela. El toque de la campana, las filas, la llegada al salón, esos salones rodeados de niños con alguna maestra tal vez aburrida, tal vez no. Mil cosas que hacer y muchas exigencias.

También existe la alegría de esos años, las risas y los juegos. El tan esperado recreo. La memorable tiendita de la escuela.

Ahora como Papá, debo regresar a ese mundo que parecía había quedado atrás y vivirlo junto con mis pequeño. Me esperan tal vez 20 años por delante de volver a estudiar y repasar todo desde el inicio.

Debo de animar a mi hijo, echarle porras, exigirle, animarlo, ayudarlo y apoyarlo para salir adelante.

Pero no quiero ni pensar que el otro año me esperan las tablas de multiplicar.

1993, el Papa visitaba México. Era una noche de Primavera, fresca. Toda la gente se reunía en la Iglesia. Nosotros nos reunimos en el parque. Del parque nos trasladamos a la casa de Webi mi buen amigo. Quienes estábamos ahí, no lo puedo recordar. Compramos un cartón de cervezas para animar la noche, la plática estuvo interesantísima, como nos reímos de nuestras ocurrencias con los mantelitos que la mama de Webi nos puso en la mesa, les descubrimos mil usos y cada uno de ellos fue celebrados con mil carcajadas. Algunos llegaron a las 2 o 3 de la mañana. Al cartón siguió otro cartón, luego una botella, luego otra botella. Sonrisas y más risas. A las 6 de la mañana, ya amaneciendo, decidimos mudarnos de lugar, tal vez para cambiar de aires, a lo mejor para ya dejar dormir a la familia de Webi; nos dirigimos al único lugar que se nos ocurrió: El parque de béisbol “La unión”.

Éramos 8 o 10, no recuerdo, pero a esas alturas todos iban bien entonados, unos mas borrachos que otros. Al llegar parque de béisbol, vimos a un borrachito, que no había aguantado más y se había quedado bien pero bien dormido en las gradas, sobre el campo de béisbol se encontraba una persona sobre su bicicleta que seguramente había madrugado para correr y hacer un poco de ejercicio. Ahí comenzó el relajo.

- ¡ un muerto ! – Gritó alguien de nosotros apuntado al borrachito.

- Todos muertos de risa automáticamente entendimos la broma

- ¡Es cierto, es cierto, hay un muerto! – repetimos todos como loros.

- ¡El lo mató! ¡Asesino! – remató un compañero apuntando a la persona que se preparaba ya para sus ejercicios. -

- ¡Yo no fui! – nos gritó esta persona que nos miraba a lo lejos con los ojos incrédulos

- ¡ Atrápenlo, que no escape! – sonó a mi lado.

Y en este momento nos arrancamos todos a perseguir por el campo de béisbol a este corredor. Le hemos pegado una pinche corretiza; imaginensenlo, 1 persona perseguida por 10 borrachos muertos de risa gritando: ¡que no escape! , rompió todos los records de velocidad, todavía me pregunto como es que saltó la barda de 2 metros y sin ayuda para escapar de nosotros.

¡Ja, ja ja ja ! Que mendigos fuimos, como nos hemos reído muchos años de esto. Nunca supe quien era, ni tampoco nos acordamos del borrachito que lo dejamos durmiendo en las gradas.

Viboras

Estos últimos días he estado al pendiente de nuestra nueva mascota, ha llovido mucho últimamente así que antes de que tenga mi propia selva me he dedicado este fín de semana a limpiar nuestro patio. Tengo el temor de que si utilizo la cortadora haga un batido de nuestra mascota, con las tenazas por aquí, las patas por allá, así que lo he tenido que limpiar a mano. Con el machete, los guantes, arrancando hierbas y recortando zacate, poco a poco he ido limpiándolo, pero de nuestro cangrejito nada. Según yo si revisaba bien probablemente encontraría el hoyo que rápidamente habría cavado, pero nada. Lo que sí encontré fueron varios hoyos extraños en la tierra, seguramente de Tarántulas. ¡Carajo! y yo que pensaba era más peligroso vivir en zonas costeras como Veracruz debido a las víboras, y ahora que vivo en Nuevo León tengo tarántulas en mi patio. La vez pasada maté una Viuda Negra, recién nos habíamos cambiado de casa y  mientras limpiábamos el patio, al levantar las piedras que había, abajo de todas ellas, negra y cómo de plástico brillante ahí estaba. Nunca había visto una, pero con solo verla supe que es lo que era. Falleció bajo la suela de una bota.

Hace 1 mes, durante la noche, resulta que al fondo de nuestro patio mi suegra vió una coralillo enrollada al único árbol que nos queda…queda claro que existe alguna conexión :D

Hace unos ocho meses vi una culebra ratonera pequeñita más cerca de la casa. Escapó.

Durante las mañanas, por la madrugada escucho sonidos como de pájaro, pero no sé que será.

Así, durante un año, he destruido hormigueros con hormigas chicas, medianas y grandes, tarántulas, arañas, arañitas, abejas, panales de avispas, 1 viuda negra, mantis, n mil insectos de todo tipo.

Ahora después de un año nuestro patio ahora se ve limpio, aunque todavía hay mucho trabajo por hacer.

Pero todas las noches me pregunto: ¿quién estará allá afuera?